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Historias de mujer

Marilyn Monroe

dmujeres - Revista digital - 13-09-2013

Su verdadero nombre era Norma Jean Baker, nació el 1 de junio de 1926 en Los Ángeles. Gladys Baker, su madre, nunca le dijo la identidad de su padre.

 

Su primera infancia fue muy dura. Su madre la dejó en manos de un matrimonio amigo hasta que cumplió siete años; y luego se la llevó a vivir con ella. Luego de vivir un año con su madre, Marilyn nuevamente se quedó sola, Gladys fue internada en un sanatorio psiquiátrico en el que se le diagnosticó una esquizofrenia paranoide, enfermedad que luego Marilyn creería haber heredado, especialmente cuando era internada por sus frecuentes depresiones. 

 

La infancia y adolescencia de Marilyn transcurrieron entre un orfanato (en el que ingresó a la edad de nueve años y trabajó como ayudante de cocina), la casa de sus abuelos y las de varias familias que la adoptaron. En una de estas casas de acogida sufrió, al parecer, abusos sexuales, cuando apenas tenía ocho años.

 

Marcada por la inestabilidad emocional y la pobreza, a los dieciséis años, tras abandonar sus estudios, Marilyn se empleó en una planta de construcción de aviones. En la misma fábrica conoció a un mecánico de 21 años, James Dougherty, con quien contrajo matrimonio a mediados de 1942 y de quien se divorció cuatro años después.

 

Luego de su primer divorcio, un fotógrafo de modas la descubrió y la convenció para que se hiciera modelo. Su agente, le sugirió cambiar el color de su cabello, que era castaño de nacimiento, por el característico rubio platinado. Durante esta época, Norma Jean realizó un sinfín de campañas publicitarias, pero su carácter inquieto y deseoso siempre de adquirir nuevos conocimientos la llevó a tomar clases de arte dramático.

 

Su rostro comenzaba a ser muy conocido. En 1949, Marilyn, dio su primer golpe en aras de la celebridad al posar para una sesión fotográfica. Se trata de las imágenes que muestran a Marilyn desnuda sobre un cubrecama de color rojo. Algunas de las fotos aparecerían ese mismo año en un calendario, y algo después, una de ellas sería la portada del primer número de la famosa revista erótica Playboy. 

 

Mientras tanto, no abandonaba su carrera en el cine, la película cuyo título marcaría el inicio de Marilyn Monroe como estrella y como mito sexual, fue “Los caballeros las prefieren rubias”, una nueva comedia, esta vez musical. En ella demostró que además de una buena actriz de comedia, era una notable cantante y bailarina, con un estilo personal y muy sugestivo. 

 

Convertida en menos de un año en una de las estrellas más rutilantes del firmamento cinematográfico hollywoodiense, en enero de 1954 contrajo matrimonio con el mítico jugador de béisbol Joe DiMaggio. La boda fue uno de los acontecimientos sociales más sonados de ese año, pero unos meses después, se divorciaron. A pesar de ello, y según el testimonio de amigos de la actriz, Joe fue, de los tres maridos que tuvo, el único al que quiso realmente.

 

Pese a los éxitos profesionales que había obtenido en poco tiempo, su vida personal no era nada satisfactoria. Además de su reciente fracaso sentimental, no cesaba de luchar para demostrar que era algo más que una cara y una figura bonitas. Cuanto más se convertía en una sex-symbol, más intentaba no sucumbir a la conformista imagen que proyectaba. El acoso al que era sometida por parte de los directivos de las productoras era constante. Si en sus filmes ella atraía al hombre con su cuerpo y su inocente encanto, en la vida se jactaba de no haber aceptado nunca acostarse con los productores y jefes.

 

Por otra parte, su arraigado complejo de nulidad intelectual, seguramente causado por haber abandonado pronto los estudios, la llevó a nuevas actividades. Fue al prestigioso Actors Studio neoyorquino para tomar clases con Lee Strasberg. Inducida por él, estudió el psicoanálisis con la finalidad de conocerse más a sí misma y hacer aflorar su potencial interpretativo. Estos detalles fueron objeto de burlas por parte de ciertos ambientes de Hollywood, que se obstinaban en verla como una actriz, cuyo único atributo valioso era el de despertar una irrefrenable atracción en los hombres.

 

La presión habitual a la que se sometía a una gran estrella, el menosprecio que sentía que le profesaban algunos profesionales de la industria y el descontento consigo misma no tardaron en perjudicar a Marilyn. Su comportamiento en los rodajes era cada día más problemático, con frecuentes impuntualidades, excusas para intempestivas ausencias y malas relaciones con actores y técnicos. Por esta época comenzó a tomarse períodos de descanso en clínicas debido a las depresiones en que cada vez con mayor frecuencia se veía sumida.

 

A pesar de esto, Marilyn seguía estando en el ojo del huracán, siendo el objeto preferido de la prensa; pero también eso le resultaba frustrante. Algunas de sus respuestas de entonces se convirtieron en célebres, como cuando aseguró que no usaba ropa interior o que para dormir sólo se ponía Chanel Nº 5. Así es que, inconscientemente o no, la propia Marilyn terminaba contribuyendo a consolidar la percepción que de ella tenía la gente.

 

Junio de 1956 fue un año crucial en su vida, ya que se casó con el dramaturgo Arthur Miller, para lo que debió convertirse previamente al judaísmo. Miller, escritor y dramaturgo serio, proveniente de la élite intelectual judía, de posiciones ideológicas abiertamente izquierdistas, se casaba con una mujer que supuestamente era la antítesis: superficial, frívola, sin ideas propias y que aparecía habitualmente en las portadas de la prensa amarilla. Y quienes le auguraron lo peor, acertaron, ya que este tercer y último matrimonio fue un nuevo fracaso personal. La desenfadada e ingenua Marilyn Monroe no congenió con el exclusivo círculo de intelectuales neoyorquinos en que se desenvolvía Miller, y a pesar de que no se divorciaron hasta enero de 1961, pronto se distanciaron de forma irremediable. Una vez más, la mujer más deseada del mundo no encontraba o tenía dificultades para conservar un amor.

 

Las inseguridades y los temores de Marilyn: un matrimonio que ya no funcionaba; más depresiones; estancias en sanatorios o clínicas de descanso, y dos nuevos factores: el consumo de alcohol y de píldoras, en especial barbitúricos.

 

Un triste final

 

Los últimos meses de la vida de Marilyn presentan una serie de zonas oscuras que probablemente nunca lleguen a esclarecerse, como su relación con el entonces presidente de los Estados Unidos, John Fitzgerald Kennedy, que parece probado que fue de naturaleza íntima, o más tarde con el hermano de éste, el senador Robert Kennedy, en la que algunos indicios pueden hacer pensar que su relación fue tan sólo de amistad. De cualquier modo, los nombres de ambos aparecieron entonces y siguen apareciendo hoy en el asunto de la muerte por suicidio de la actriz.

 

El 5 de agosto de 1962, la actriz estadounidense Marilyn Monroe, el gran mito erótico de los años cincuenta, fue hallada muerta en su casa de Hollywood.

 

A las 3 de la madrugada, la señora Murray, su ama de llaves, la encontró en la cama en una postura extraña, con el teléfono fuertemente aferrado en una de sus manos y las luces encendidas. Un frasco vacío encima de una mesita, atestiguaba una ingestión masiva de pastillas.

 

No era la primera vez que había ingerido una sobredosis de barbitúricos combinada con alcohol: exactamente lo mismo había ocurrido en la primavera del año anterior, poco después de la separación de Miller. La policía, extrañamente, no reveló el nombre de la sustancia que había tomado Marilyn, e incautó y rehusó hacer públicas las cintas magnetofónicas de la compañía de teléfonos en que estaban grabadas las llamadas que efectuó la noche de su muerte. Esto no hizo más que confirmar las sospechas de que Marilyn llamó a alguien en busca de ayuda, alguien cuya alta posición pública no le permitía afrontar el escándalo que hubiera supuesto verse envuelto en semejante asunto y las causas de su muerte permanecen aún confusas.

 

Las dificultades profesionales y su agitada vida sentimental parecieron estar en el origen de su muerte. En cualquier caso, la jovialidad y el vivir desenfrenado y despreocupado que muchas veces había representado en el cine y fuera de él, se corresponden poco con el verdadero perfil de su vida, marcada por las contradicciones y los complejos de una niñez y una juventud desgraciadas, seguidas después de un éxito arrollador al que no supo hacer frente, ni siquiera cuando creyó encontrar, junto a personalidades como Arthur Miller, la estabilidad y la seguridad que persiguió durante toda su vida.

 

En años posteriores, una auténtica industria del escándalo, de la que formarían parte la prensa amarilla y la de extrema derecha, especularon incansablemente sobre la relación entre su muerte y los hermanos Kennedy.

 

En definitiva, a pesar de los denodados intentos que Marilyn Monroe llevó a cabo en vida para ser considerada de manera distinta a como se la veía, difícilmente desaparecerá nunca de la imaginación colectiva como uno de los íconos eróticos del siglo XX. La imagen con blusa y falda plisada blancas que se le levantan y agitan cuando pasa sobre un respiradero del metro de Nueva York, ha quedado unida a su nombre. Su desaparición en plena juventud, y en la cumbre de su fama como actriz y como mito erótico vivo, no hizo más que acrecentar la leyenda.

 

 

 

 

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Fuente: Biografías y Vidas 

 

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