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Viernes | 17 de Noviembre de 2017

ARQUITECTURA Y AMBIENTE

Nuestra Huella

Arq. M. Andrea Rodríguez - 08-10-2013

La revalorización que se le otorga en la actualidad a la temática del diseño en la producción de los objetos, parecería no sólo responder a valores permanentes del desarrollo cultural como la forma y su función, el color, las proporciones y la belleza de los mismos, sino que también ha comenzado a poner el acento en la selección de los materiales, su proceso de fabricación y su vida útil, empujada por la mirada del diseño sustentable cuya premisa fundamental es el cuidado ambiental.

 

Existen numerosos eco-indicadores que nos permiten estimar el impacto de un producto en el medio ambiente durante su elaboración y su consumo, tales como la huella de carbono y la huella hídrica, herramientas de las que se vale el diseño sustentable apuntando a reducir la impronta ambiental de un objeto en las diferentes etapas de su vida.

 

Y es que, poco a poco, vamos tomando conciencia de la necesidad de evaluar el volumen total requerido de agua dulce para producir los bienes y servicios que utilizamos todos los días. 

 

 

Para ayudar en la solución de este problema la Water Footprint Network ha lanzado un programa de certificación con el objetivo de medir la huella hídrica en actividades industriales.

 

Por otro lado, el impacto que provocan las actividades del ser humano en el medio ambiente y la cantidad de gases de efecto invernadero producidos por los productos que consumimos, determinan la huella de carbono.

 

Con la huella de CO2, se pretende que las empresas puedan reducir los niveles de contaminación mediante un cálculo estandarizado de las emisiones que tienen lugar durante los procesos productivos.

 

 

El certificado de la huella de carbono no es obligatorio, pero muchas empresas están interesadas en que sus productos lleven la etiqueta que certifica los valores de CO2 de sus productos, ya que así los consumidores podrán optar por los productos más sanos y menos contaminantes.

 

De manera más abarcadora, la huella ecológica se propone como un indicador de consumo, que mide la demanda de recursos naturales que una persona (ciudad, región o país) realiza para que sean producidos los bienes que consume en su estilo de vida. Se suele medir en hectáreas globales por habitante y año.

 

Otro parámetro que se tiene en cuenta es la biocapacidad, es decir, la capacidad de un área específica -biológicamente productiva- para generar un abastecimiento regular de recursos renovables y de absorber los desechos resultantes de su consumo.

 

De la comparación de ambos valores para una región determinada, se deduce que si la huella ecológica es mayor que la biocapacidad, se genera un "déficit ecológico". Esto determina, que tal exceso de consumo es posible a costa de utilizar recursos de otros territorios o en detrimento de las generaciones futuras.

 

Sin duda, son muchas las escalas desde donde podemos encarar estas problemáticas, consumo responsable y uso racional de la energía, son puntos de partida. Pensar antes de tirar cualquier cosa a la basura es otra alternativa a nuestro alcance; reparar, reciclar o reutilizar nos permite redescubrir cualidades de los objetos, no consideradas hasta el momento, poniendo nuestro ingenio al servicio del medio ambiente.

 


 

 

 

 


Fuente: www.waterfootprint.org   -   www.footprintnetwork.org    -   casasecologicas.com/construccion-de-casas/

 

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