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Sábado | 19 de Octubre de 2019

Astrología

En octubre, con Libra, aprendemos a encontrar sentido en los opuestos

Lic. M. Eugenia Centurión - 14-10-2013

Lic. Jimena Romero Zaliz

Estamos promediando el camino y en nuestra travesía, comenzamos a acercarnos a aquellos signos que, a partir del descubrimiento del “otro”, comienzan a profundizar la complejidad de la energía que representan. Podríamos decir que, como en un viaje, de Aries a Virgo hay una primera explosión, un inicio que ha venido tomando forma.

 

En Libra, cruzamos el camino con “otro” que ha emprendido este mismo viaje, hasta aquí místico y misterioso.

 

Con esta aparición surge el desafío que supone “lo vincular”: aquel individuo que salió de la aldea, tiene hoy el reto de encontrarse con un “otro” que ha llegado hasta aquí con su propio recorrido, con sus experiencias, vivencias y creencias. Por eso, Libra busca entender qué le pasa al otro, cuál es su deseo, para ocupar de ese modo una posición complementaria.

 

Las vivencias ya no son sólo individuales sino que son en relación. Nuestro deseo se descubre complementario a otro, que siente, vibra, interpela nuestro ser y accionar.

 

En Libra descubrimos la belleza, la estética, la importancia de la armonía, del arte, y la cultura, así como el compromiso social. Es un signo de aire y, como tal, nos invita al desafío de conectar con lo etéreo, lo liviano. Con el anhelo de lograr la armonía y el equilibrio en todo lo que se emprende.

 

La búsqueda de este equilibrio dinamiza la estructura que traemos y la desafía, aunque a veces no se dé tan armoniosamente como la energía libriana pretende.

 

 

 

La diosa Venus es la regente y directora del signo de Libra. Marca el tiempo de nuevos brotes, el comienzo de las relaciones con nosotros mismos y con los demás, y nos prepara para transformarnos.

 

Según las leyendas, Venus nació desnuda de la espuma del mar y fue engendrada por Urano. El nacimiento ocurrió en el momento en que Saturno cortó los genitales de su padre Urano y los lanzó al mar. De ahí que se la conozca como “la diosa nacida de las olas” o “nacida del semen de dios”. De una belleza inmensa, es la diosa de la fertilidad, del amor, de la abundancia, de la sexualidad y transmutadora de energía. Es una diosa alquímica por el poder de transformación que por sí sola posee. Tiene la cualidad de una conciencia propia, centrada y receptiva a las necesidades de los otros.

 

Venus ha sido descripta como la "reina del placer", y es ella quien inspira a las personas a amarse y a disfrutar de los placeres de la sensualidad y la pasión. Sin embargo, estas delicias suponen responsabilizarse del acto creativo del amor y la sexualidad como expresión carnal de la voz interior.

 

Ha sido comparada con otras diosas del amor: Afrodita (griegos), Turan (etruscos), Rembha (hindúes), Milda (lituanos), Frigg y Freyja (nórdicos), Ishtar (mesopotámicos), Isis (egipcios), Inanna (sumerios), Astarté (fenicios), Reitia (vénetos), Suadela y Ushás en la religión védica. Cada una de ellas representando una cualidad particular del amor.

 

Y así seguimos viaje, enamoradas y apasionadas, con energías renovadas, preparadas para transformarnos en nuestra próxima parada...

 

 

Lic. Jimena Romero Zaliz

Lic. M. Eugenia Centurión

 

El pozo de Agua

 

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