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Viernes | 17 de Noviembre de 2017

Astrología

Todos somos uno

Lic. Jimena Romero Zaliz - 12-03-2014

 

 

Y finalmente llegamos al fin de nuestra travesía. El final de un camino que es el principio del siguiente. En cada momento y en cada parada internalizamos una pieza del rompecabezas que somos, desarrollamos un aspecto de nuestra personalidad y nos cruzamos con aquellos que nos enseñaron nuevas miradas.

 

 

Nos encontramos en el terreno de Piscis, un océano de sensibilidad y empatía en constante movimiento. Es difícil definirlo porque es energía de totalidad sin diferencias. En Piscis todos somos uno por eso es que son muy compasivos, amorosos y empáticos.

 

Resuenan con todo lo que existe. No hay diferencia entre adentro y afuera. Todo el afuera entra y todo el adentro sale. Por eso es que suelen hiper-reaccionar a las situaciones tanto emocionalmente como a través de su cuerpo (por ejemplo: reacciones alérgicas).

 

Es muy difícil organizar un Yo en Piscis, una estructura en la inmensidad de las emociones, por eso nos vamos a encontrar con muchas personas de este signo que se vuelven duras y frías para defenderse del exterior y esconder su vulnerabilidad.

 

¿Cómo distingo lo que me pasa a mí de lo que le pasa a otro? ¿Cómo sé si lo que siento es correcto? Para esta energía es difícil responder a estas preguntas y fácilmente entra en confusiones y malentendidos. Lo que percibe es siempre correcto pero la interpretación de ello es en general equivocada. Su gran aprendizaje es desarrollar la intuición y trabajar su sensibilidad artística para poder refinar su percepción.

 

¿Vieron como los piscianos parecen siempre flotar en vez de caminar? A ellos les cuesta pisar firmemente la realidad. Los pies son, en el cuerpo, el reflejo de la totalidad que somos.

 

 

 

 

El regente de este signo es Neptuno el dios de los océanos. Es hijo del titán Saturno y de su esposa Rea. Junto con sus hermanos, Júpiter y Plutón, derrocó a su padre y estableció el gobierno de los dioses. En recompensa por sus servicios, recibió el control de todas las vías navegables del mundo, que supervisaba desde su castillo en la profundidad de los mares. Se le representa llevando un tridente en la mano y rodeado de nereidas, o ninfas del mar, que lo atienden.

 

Él gobierna todas las aguas y cabalga las olas sobre caballos blancos. Todos los habitantes de las aguas deben obedecerlo. Su poderoso tridente agita las olas, hace brotar fuentes y manantiales y su ira provoca temibles sismos o terremotos. Es un dios muy peligroso e inestable ya que con sus emociones puede provocar desde terribles tormentas y tempestades hasta olas tranquilas y pacíficas, por lo que nadie intenta molestarlo sin un buen motivo.

 

Los romanos consideraban que Neptuno tenía la responsabilidad de sostener el planeta que los albergaba, porque como el océano rodeaba la tierra, él, desde el mar, hacía de contrapeso respecto de la tierra firme. Además, se lo sindicaba como el hacedor de las formas de las costas, de los acantilados, de las playas y de las bahías, entre otros accidentes geográficos.

 

Así vemos lo temperamental, variable, poderoso y destructivo que pueden ser las emociones. En esta profundidad y totalidad nadan los piscianos.

 

Nos zambullimos en el océano y nos convertimos en una gota más de ese mar. Ya no tenemos una identidad propia sino que estamos en comunión con los otros. Desde el fondo nos conectamos con el ensueño, las sombras y movimientos maravillosos del agua y cuando despertamos y pisamos fuerte salimos impulsados hacia la playa para iniciar un nuevo ciclo en Aries

 

 

Lic.Jimena Romero Zaliz

 

El Pozo de Agua

 

 

 

 

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