Cada vez más brujas

A Dios rogando y con el mazo dando

Lic. Alicia Cáceres - 14-03-2014

 

 

 

"Cuida cada momento y cuidarás todo el tiempo" Buddha

 

 

Terminaron las vacaciones, está terminando el verano, los estudiantes ya comenzaron sus clases (no todos, lamentablemente), y el estrés de principio de año laboral está haciendo estragos. Sólo los sabios (que, por edad o porque saben arreglárselas para tomar sus vacaciones en estas épocas de marzo), están gozando a pata suelta de su tiempo de ocio, seguramente celebrando doblemente su elección: primero porque no comparten con las hordas de vacacionantes los espacios ni sufren el agobiante calor de enero, segundo porque se relamen imaginando nuestra  situación mental emocional. Como sea, ya volverán, y tendrán que unirse al redil. El estrés postvacaciones existe, doy fe. Y cada uno hace lo que puede y le sale para enfrentarlo. Muy pocos han logrado dar el salto cuántico de quedarse a vivir en esa playa, en esa casita sencilla pero cerca del mar, ideando y concretando ese trabajo de medio día que les permita tener la otra mitad del día libre para hacer básicamente nada y de esa forma ser definitivamente felices.

 

 

Como sospecho que sos una de las que está de vuelta, enfrentando como una heroína estos momentos llenos de ansiedad ante las páginas en blanco del año no escrito, comparto con vos mis reflexiones de estos tiempos, fruto de muchos comienzos de año estresantes.

 

 

Primero: “No quiero que se terminen las vacaciones (el verano, etc)!” es una frase sin ningún sustento. Si ese es tu deseo, tendrás que tomar decisiones drásticas (como las tomaron los que se quedaron a vivir en la playa). Si volviste, es porque aún no estás decidida verdaderamente o porque ese no es tu deseo genuino. Entonces de nada sirve quejarse y lamentarse porque no hay más de eso tan bueno, se terminó como se terminan los postres. Simplemente, basta de quejas, estás donde decidiste estar. Es hora de hacer algo bueno con ello.

 

 

Segundo: Casi todos tenemos miedo al comenzar el año laboral o de estudios y cada uno lo enfrenta como puede y sabe. Hay quien se manda de cabeza a lo que hay que hacer y quien da vueltas en círculos de dudas y planes. Al miedo se lo enfrenta haciendo. La página en blanco del lunes (o peor, del domingo por la tarde), perderá su capacidad de atormentarnos apenas comencemos con la primera línea. Respirá y accioná. Podés equivocarte, eso servirá para recalcular la ruta. Podes dedicar estos primeros días a planificar el año, si es que ya no lo hiciste durante el verano (aunque sea mentalmente). Todavía estás a tiempo para tener un plan, y esto es fundamental para conseguir tus objetivos.

 

 

Tercero: Pongo los pies en la tierra. ¿Tengo un plan? ¿Estoy segura de que lo que declaro que quiero es realmente lo que quiero? Este es el momento para ser honesta conmigo misma si es que no quiero desperdiciar el año. Ese plan ¿es posible de alcanzar? ¿Encaja en mi agenda y en mis posibilidades económicas? Es el momento de ser realista con los recursos de que dispongo y no sentarme fantasiosamente en la negación optimista. Solamente declamando mantras de abundancia universal no se logran las metas. “A Dios rogando y con el mazo dando”, dice el antiguo refrán.

 

 

Cuarto: El próximo lunes o la semana que viene son un plazo muy largo para comenzar. Hoy, ahora, es el mejor momento para empezar a darle forma a esos hermosos planes que tenés en la mente y en el corazón. No postergues, es el peor hábito y el más frecuente, y el que termina matando lentamente todos los deseos. Es tan fuerte este hábito que lo que dejamos de lado hoy prometiéndonos comenzar el lunes, es muy posible que lo recordemos dentro de dos meses cuando ya el mejor momento para iniciar haya pasado. La frustración que deviene con nosotros mismos es tan grande que simultáneamente nos hace desistir. Son dos pasos equivocados: el primero es postergar, el segundo abandonar.

 

 

Quinto: Cumplí con tu plan. Sencillamente, hacé lo que te propusiste y en la sumatoria de los días enfocada en la acción construirás algo increíble. Seguramente aparecerán contratiempos y dificultades. ¡Estaba claro que eso iba a pasar! ¡Estamos en el mundo real! ¿no es así?. Todo aventurero que sale de su zona de comodidad sabe que tendrá que lidiar con dragones. No desesperes, buscá ayuda, en la gran mayoría de los casos hay muchas mas soluciones posibles de las que imaginamos.

 

 

Sexto: Dejá tiempo para el ocio, el descanso, y sobre todo para el ejercicio físico y el arte. Si esto no es fácil para vos, porque no estás acostumbrada o interesada o educada en ello, creeme, parte de tu salud y crecimiento, y también parte de la posibilidad de éxito de tus planes, depende de que le des tiempo a tu inconsciente para procesar y retroalimentarse. Cuidá tu energía, no la malgastes ni la agotes.

 

 

Séptimo: Dá gracias. Cada vez que lo recuerdes da gracias por tu existencia y por todo lo recibido y por recibir. Gracias a tu Dios, o a tus dioses, a tus ancestros, a tus maestros y a tus afectos. Pedí protección y ayuda, el Universo puede conspirar a tu favor si tu decisión es profunda y contundente. Encontrá en la oración o la meditación esa serenidad que te mantiene conectada  y conciente, para que tus actos de cada día sean coherentes con el sentido de tu vida.

 

 

Cuentan que San Bernardo iba caminando y se encontró con un hombre muy angustiado a la vera del camino. El carro de este buen hombre se había roto, y estaba lleno de comida que debía llegar pronto al destino, que era el pueblo más cercano. Cuando este hombre se da cuenta que el santo puede darle una mano muy especial dada su posibilidad de realizar milagros, le ruega que repare su carro. San Bernardo le responde: “yo rogaré a Dios por ti, amigo mío, pero mientras tanto, coge un mazo y empieza a reparar la rueda rota del carro”.

 

 

Es totalmente cierto, los milagros existen. Sobre todo si surgen de la chispa divina que todos llevamos dentro. Y se manifiesta en nuestra decisión y en nuestro trabajo cotidiano. ¡Vamos entonces a construirlos!

 

 

Lic. Alicia Cáceres

 

El Pozo de Agua

 

 

 

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