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Viernes | 17 de Noviembre de 2017

Psicología

Adolescencia, familia y adicción

Lic. Patricia Pignato - 15-04-2014

 

La entrada en la adolescencia es una etapa de gran vulnerabilidad y cambios, el adolescente se encuentra en este momento afrontando la ardua y estresante tarea de asimilar las modificaciones propias del crecimiento tanto en el plano corporal como psicosocial, por lo tanto, necesitará de una cierta fortaleza interna que le posibilite la adecuada salida al mundo.

 

 

Dada la gran movilización que implica transitar este período, es que la adolescencia es considerada como población de alto riesgo, puesto que en muchas ocasiones atraviesan experiencias que los acercan a las drogas, con la errónea creencia, que de este modo, enfrentarán mucho mejor las exigencias de la vida.

 

La incorporación de sustancias tóxicas altera el vínculo con la realidad familiar y social, encerrándolos en un mundo ilusorio, cuando esta situación se transforma en hábito, los proyectos que eran sostenidos hasta ese momento desvanecen, y vemos como comienza a cambiar el ritmo de estudio, trabajo, horarios, los compromisos con la familia y con su propio desarrollo. En ocasiones estos cambios se asocian a la crisis adolescente pasando inadvertido para la familia el consumo de sustancias.

 

La familia constituye un soporte esencial en la formación de cada individuo. El ser humano necesita de personas significativas, que sean estables, sensibles, dispuestas al dialogo, y confiables. Estos nutrientes emocionales y afectivos son indispensables para un correcto desarrollo.

 

A la familia le corresponde garantizar a sus hijos, alimento, protección, educación, seguridad, descanso, recreación, y ese amor incondicional que transmite valores y pone límites, recordemos que los límites son a los hijos, como los diques a los ríos, cuando no están, los ríos desbordan, un hijo sin límites se pierde...

 

En las últimas décadas, las características de las familias han sufrido cambios importantes, se ven cada vez más estructuras de convivencia diferentes, familias ensambladas, estructuras monoparentales, etc., lo fundamental entonces en estas diversas organizaciones humanas de convivencia, es que tengan la capacidad de proveerles a sus integrantes los aportes anteriormente mencionados para un crecimiento saludable.

 

Generalmente, la familia del adicto suele tener un pasado con situaciones ocultas, secretos familiares, difíciles pasados que son vivenciados como vergonzosos, con contradicciones y mentiras, familias con una compleja relación entre los padres; se observa la ausencia de la figura paterna en cuanto al afecto y preocupación por el hijo, no obstante muestran en ciertos casos una apariencia de fortaleza, ya que suelen ser padres exageradamente dedicados al trabajo, con mucha dificultad para el diálogo, donde se observa un sistema de valores alterados y una incapacidad de asumir normas de autocrítica.

 

Susana Barilari, integrante del equipo profesional de Proyecto Cambio, nos dice:

 

 

“La patología de las adicciones responde a múltiples factores de cambios socio-económicos-históricos-políticos. Por lo tanto, la respuesta terapéutica no debe ser individual. Es fundamental consultar a instituciones específicas donde la familia, desde la primera información, participe en forma activa. La experiencia confirma, que no debemos quedarnos solos, que un grupo de orientación de padres nos ayude a reflexionar y eliminar dudas. La familia así fortalecida podrá tomar decisiones claras para abordar este nuevo desafío a lo que la paternidad los enfrenta.”

 

 

 

Lic. Patricia Pignato

 

 

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