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Historias de mujer

Martha Gelhorn

dmujeres - Revista digital - 20-05-2014

 

Valiente, inteligente, glamorosa y con principios políticos firmes. Comprometida, curiosa y justa. Fue la mujer que cambió la manera de retransmitir una guerra.

 

 

Martha Gelhorn, a la que el New York Times describió como la mayor corresponsal de guerra femenina del siglo XX y como uno de los testigos más elocuentes de ese tiempo. Dueña de un sagaz estilo periodístico. Sobre ella escribió Buford, redactor del Yorker: “Martha era masculinamente audaz, pero capaz de hacer derretirse a los hombres”.

 

Luchó por la independencia de la mujer en un mundo de hombres. Fue periodista, escritora de ficción, varias veces esposa y madre adoptiva de un niño italiano.

 

Desde mediados del siglo XIX se fue formando en E.E.U.U. un grupo de mujeres educadas, de clase media, que se convirtieron en el núcleo impulsor del primer feminismo.

 

Descubrieron que el periodismo podría ser una importante tribuna para hacer oír sus voces, y a principios del siglo XX comenzaron a apasionarse por los conflictos armados y los problemas sociales, demostrando que ni la guerra ni el periodismo, eran exclusivamente cosas de hombres.

 

Martha fue una de esas mujeres que se atrevió a cruzar la línea de fuego, para contarle al mundo lo que estaba sucediendo.

 

 

 

 

Nació en 1908, en San Luis (Missouri), Estados Unidos, y desde pequeña estuvo rodeada por un contexto que favoreció su independencia como mujer y sus ideas liberales.

 

Su padre era un doctor progresista y su madre una sufragista y reformista social que la hacía partícipe de las protestas.

 

Martha comenzó sus estudios en un colegio de monjas como era habitual, pero sus progenitores, decidieron cambiarla de escuela al descubrir que se enseñan anatomía femenina mediante un libro de texto en el que las imágenes de los órganos reproductores y los senos aparecían tapados.

 

A comienzos de los años 30, Martha fue hasta Europa a comenzar su carrera de corresponsal extranjera y trabajó en París para varias publicaciones incluyendo Vogue, United Press y St. Louis Post-Dispatch.

 

Consiguió llegar hasta ahí, gracias a un escrito que mandó a Holland  América en el que manifestaba su ambición de convertirse en corresponsal y eso les pagaría el viaje en barco.

 

"Hay demasiado espacio en el mundo. Me estoy volviendo loca porque me muero por salir corriendo y descubrirlo. Esta necesidad de alejarme de lo que quiero es como un sadismo que no puedo entender"

 

En esa época conoció a su primer marido, un político, periodista y aristócrata francés.

 

Martha regresó a América en 1934 y debutó como novelista. Luego fue contratada por el director de la Administración Federal de Ayuda en casos de emergencias para escribir acerca del programa de ayuda en las zonas industriales y sobre la situación económica de los americanos, viajó por todo Estados Unidos y describió meticulosamente la desnutrición, la falta de agua potable, la tuberculosis y los bajos salarios, hasta que finalmente, recogió todas las historias en el que sería su primer libro “The trouble I’ ve seen”, un informe en formato de cuatro relatos publicados en el 36.

 

A través de su trabajo conoció al presidente Roosvelt y a su mujer, Eleanor, quien se convirtió en su amiga.

 

 

 

 

En 1936 conoció en Florida a Hemingway, quien sería su segundo amor. Ella tenía 28 años, era rubia con piernas largas, una escritora ya famosa y una ambiciosa periodista.

 

Se encontraron de nuevo Madrid, donde ella escribía acerca de la Guerra Civil Española para la revista norteamericana Collier's, en el 37. 

 

Así pues, su verdadera trayectoria comienza en España, cubriendo casi por casualidad esta guerra. No sabía español, apenas llevaba 50 dólares en el bolsillo y una mochila en la espalda, eso era todo.

 

En su habitación del desaparecido hotel Florida, situado donde hoy se encuentran unos famosos grandes almacenes de Madrid, escribió sus primeras pinceladas de este contexto bajo el ruido de balas, bombas y cañones de las tropas que se asediaban la capital.

 

Su participación en esta guerra como enviada de  Collier's, supuso para la escritora, el reconocimiento general por la calidad de sus crónicas bélicas, punto decisivo en su camino profesional como enviada de guerra. Después trabajó en otros conflictos, Vietnam, Nicaragua, además de escribir sobre los refugiados españoles durante la Segunda Guerra Mundial.

 

Fue entonces, cuando comenzó a publicar en un periódico de Albany y en otras publicaciones femeninas. Las crónicas se agrupan por conflictos y todas ellas reflejan el estado de ánimo ambiguo del frente de la retaguardia, el temor, el heroísmo callado, la espera angustiosa, las dificultades casi inhumanas de los civiles en la mayoría de los países de guerra.

 

Para cada una, Martha, hace una breve introducción contextualizadora, donde recuerda anécdotas vividas durante su estancia en el combate y también hace reflexiones sobre la situación de estos países años después del conflicto.

 

Martha estuvo en cada uno de los conflictos significativos que componen el siglo 20. Desde el 43 hasta el 45, escribió desde Inglaterra, Italia, Francia y Alemania.

 

Su matrimonio con Hemingway duró cinco años, los suficientes para alertar a Martha sobre el peligro de quedar subordinada personal y profesionalmente a su marido, no quería ser reducida a una nota al pie de página de la historia de otra persona. 

 

 

 

 

Entre 1934 y 1967, Gelhorn publicó seis novelas, escribió acerca de las guerras de Vietnam en los años 60 y del conflicto árabe-israelí del 67 para un periódico londinense. A mediados de los años 80, escribió acerca de las guerras en Centroamérica e incluso, cuando parecía estar ya retirada, cubrió la invasión de Estados Unidos en Panamá a los 81 años de edad. Se puede decir que siguió ejerciendo su oficio de escritora, periodista y reportera de guerra hasta  final de sus días.

 

Martha Gelhorn se destacó por ser una de las primeras mujeres reporteras de guerra, pero no sólo eso, sus escritos iban más allá de la simple descripción de lo que veían sus ojos, no escribía sobre batallas y ni siquiera sabía de tácticas militares. Lo que de verdad le interesaba era describir los efectos de la guerra en los civiles, en aquellos que luchaban por sobrevivir.

 

Su mirada humana, capaz de percibir hasta el más mínimo sufrimiento ante tan desolador panorama era reflejada en cada palabra con la firme intención de no dejar en el olvido una lucha que la llevó a implicarse en cuerpo y alma.

 

En más de una ocasión afirmó que se sentía incapaz de ser objetiva ante los conflictos, pues necesitaba describir lo que veía y sentía. De hecho, si hay algo por lo que Martha Gelhorn se destacó en su trayectoria profesional fue por sus esfuerzos por dar a conocer la causa republicana la guerra civil española.

 

Gracias a su amistad con Eleanor Roosvelt, puedo presionar sin cesar al gobierno para que hiciera cambiar la política exterior de Estados Unidos. No podía aceptar lo que veía, como la indiferencia de su gobierno ante el ataque militar a la democracia española. Sus cartas a Eleanor reflejan el cariño por su amiga pero también su ira y su frustración, los que tenían el poder en Washington no habían visto lo que estaba pasando en España; ella sí fue testigo ocular y sí quería hacerles entender que no sabían lo que hacían.

 

Después de esta guerra trabaja para el Atlantic Monthly y descubre la guerra de Vietnam, la Guerra de los Seis Días en Oriente Medio y las Guerras Civiles en América Central. Siempre activa e implicada en su trabajo no le importaba asumir riesgos, hasta el punto de hacerse pasar por enfermera durante el desembarco de Normandía para estar en el epicentro del conflicto o llegar a utilizar el sexo como moneda de cambio para obtener información privilegiada.

 

A los 81 años, Martha viajó de improvisto a Panamá donde escribió sobre la invasión de Estados Unidos, fue cuando estalló la Guerra de Bosnia en la década de 1990, cuando Martha dejaría de lado su actividad en el campo del periodismo de guerra tras reconocer que era demasiado mayor.

 

En 1998 y con 89 años, tras haber luchado contra el cáncer y la ceguera total Martha se suicida en su domicilio de Londres, ingiriendo una cápsula de veneno.

 

Su muerte, puso fin a una trayectoria impecable, marcada por su fuerte personalidad, por su perseverancia y por su particular modo de ver el mundo. El New York Times le dedica una amplia nota en la que fue valorada como una de las corresponsales de guerra más importantes del siglo XX y uno de sus grandes testigos.

 

Un año más tarde, se instauraría el Premio Martha Gelhorn para el periodismo, un galardón que premia la valentía y los valores que marca prestó para la profesión.

 

 


 

El legado que nos deja Martha Gelhorn,  es importante, no solamente por sus obras, sino sobre todo, por su espíritu de superación, de lucha y por dar voz a aquellos que no podían hacerlo en el peor de los momentos en los conflictos de guerra, donde no todo el mundo es capaz de meterse y de jugarse la vida por las personas que no tienen rostro para el mundo.

 

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