Astrología

Las múltiples máscaras de cada mujer

Lic. Jimena Romero Zaliz - 16-06-2014

 

Cotidianamente, las mujeres empleamos muchos y diferentes disfraces para escondernos, protegernos o sólo para no desencajar en las distintas situaciones que afrontamos a lo largo de la vida.

Como los mecanismos de defensa, son recursos que aprendimos y repetimos cada vez que los necesitamos.

 

 

 

 

Pero, ¿existen riesgos de no poder sacarse nunca más una de esas máscaras?

 

Hace unos días me dijeron: “Cuando veo a mi antiguo grupo de amigas, me doy cuenta, de que cada una de ellas representa una de mis máscaras”.

 

A diario, las mujeres utilizamos muchos y diferentes disfraces para escondernos, protegernos o sólo para no desencajar en las distintas situaciones que afrontamos.

 

Como los mecanismos de defensa, son recursos que aprendimos y repetimos cada vez que los necesitamos. El riesgo es que esta máscara, como la de Jim Carrey, en la película The Mask, se nos puede quedar pegada y no podamos quitárnosla.

 

Clarissa Pinkola Estés nos cuenta en su libro Mujeres que corren con lobos, que los síntomas de habernos perdido a nosotras mismas, entre otros, son sentirse fatigada, frágil, confundida, profundamente apática, amordazada, asustada, avergonzada, voluble, atascada, carente de creatividad, comprimida, impotente, dubitativa, con la inercia de mantenerse en el lugar seguro y con temor a aventurarse en solitario o rebelarse, o probar cosas nuevas, o enfrentarse con desafíos o a hablar claro.

 

Podemos encontrar diferentes orígenes para estas máscaras, los hay sociales, culturales, familiares, vinculares… Así sentimos que hay reglas que debemos cumplir y que salirse del manual puede tener el costo del destierro.

 

Como las máscaras de la comedia, podemos escondernos detrás de la tristeza por lo perdido, por lo que no fuimos o seremos, por lo que creemos que nunca podremos alcanzar…

 

Este lugar de víctima y abandono, lo generamos activamente elevando nuestras púas para protegernos del verdadero dolor. Ese sufrimiento que sostenemos, por más incómodo que resulte, ya no nos animamos a soltarlo. O quizás acudimos a la sonrisa y así ocultamos lo que realmente sentimos detrás de un “todo bien”.

 

Cada una de nosotras puede reconocer sus máscaras y cuándo se activan, pero para lograrlo sólo se requiere bajar la velocidad en la que vivimos para escuchar nuestro propio lenguaje interno,

 

Como dijo Carl Jung: “Tu visión devendrá más clara sólo cuando mires dentro de tu corazón… Aquel que mira fuera, sueña. Quien mira en su interior, despierta”.

 

Cuando nos animamos a mirar realmente dentro de nosotras y a enfrentarnos con nuestra propia sombra, esas máscaras se resquebrajan y se nos vuelven evidentes. Así no las reconocemos únicamente en nosotras mismas, sino que las percibimos en los demás.

 

La psicóloga y astróloga Liz Greene nos dice que al vivir proyectamos y colocamos en los demás los aspectos que rechazamos de nosotros mismos. Este mecanismo se repite de manera constante sin darnos cuenta. De esta forma, las personas con las que nos encontramos en la vida funcionan de espejo. En ellas vemos lo peor y lo mejor de nosotras.

 

El trabajo a lo largo de la vida, es poder introyectar (proceso psicológico por el que se hacen propios rasgos, conductas u otros fragmentos del mundo que nos rodea, especialmente de la personalidad de otros sujetos) cada uno de esos fragmentos como si fueran piezas de un rompecabezas.

 

La tarotista y psicóloga analítica junguiana dice: “Nos encontramos con La Sacerdotisa, reina del mundo interior, que en contacto con la intuición percibe lo intangible. Conoce los misterios, la antigua sabiduría, los sueños y los lenguajes simbólicos. Ella nos ayuda a escuchar nuestra voz interior y a descubrir el tesoro oculto en las profundidades de la psique”.

 

La Sacerdotisa es un arquetipo y representa un aspecto presente en todas. Este aspecto femenino en contacto con las emociones y las raíces profundas de nuestro ser.

 

Ella es capaz de ver tras las máscaras y los velos, ya sean impuestos o elegidos. Ella es nuestra guía y de su mano nos adentramos en los misterios de nuestra alma.

 

No podemos vivir sin máscaras, pero sí podemos quitárnoslas cuando creamos que es necesario porque somos libres.

 

 

Me gusta pensar que no somos una mujer, sino la suma de varias mujeres y que tenemos la posibilidad de elegir cuál de ellas mostrar en cada momento y en cada lugar.

 

 

 

Lic. Jimena Romero Zaliz

 

Nota publicada: "Suplemento de la Mujer de El Día de Gualeguaychú"

 

__________________________________________________________________________________________

 

Agradecemos la imagen de esta nota a Mora Ogando. Foto y Maquillaje de Kara Werefkin

Dejanos tu comentario


No es legible? Cambiar texto.