Revista Digital DeMujeres.com.ar

Lunes | 11 de Diciembre de 2017

dmujeres

Infancias interrumpidas

dmujeres - Revista digital - 13-09-2014

 

 

La temática sobre el abuso sexual infantil es una problemática compleja y reviste de muchos análisis. Por lo tanto, en este artículo, pretendo simplemente, abrir una rendija, para pensar junt@s cuánto de los prejuicios, mitos y posturas estereotipadas continúan filtrándose a la hora de mirar, intervenir y accionar.

 

 

Existe una tendencia histórica de minimizar, encubrir, negar, desacreditar; en otras palabras, silenciar; convirtiéndose en una de las grandes dificultades que atraviesan los especialistas en las instituciones intervinientes (sociales, terapéuticas, policiales, judiciales, etc.), la de luchar “cuerpo a cuerpo” contra esta tendencia, algunos quedan capturados en el dilema “Denunciar o Silenciar”. Muchos otros transitan e inauguran nuevas modalidades de intervención, mirando con ojos nuevos esta problemática, invitando a romper con ciertos instituidos.

 


Durante muchos años, se afirmó que las niñas y los niños mienten, fabulan, inventan…pero hay hechos que no pueden inventarse, ni fabularse. Si hablamos de infancias, teniendo en cuenta su etapa evolutiva y la capacidad cognitiva, es muy raro que inventen historias con detalles sexuales adultos.

 

 

En el imaginario social, todavía existen resabios de prejuicios de género que terminan convirtiendo a las víctimas en victimarios: “si la madre la hubiera cuidado…”, “la niña me sedujo…”, “esa adolescente actuó provocativamente”, “era lo esperable que la terminaran violando”. Éstas y muchas otras frases siguen teniendo vigencia en ciertos discursos y ciertas prácticas, y lo que es peor, muchas veces son el centro de la estrategia de la defensa del acusado; la descalificación y descreimiento –tanto de la víctima como de los especialistas y de los denunciantes-. Instalando un manto de duda y “en un proceso judicial, donde para condenar es necesario certeza, la sola duda que se pueda instalar en la mente de los juzgadores es suficiente para una desincriminación. “… y se termina afirmando que no se puede estar ciento por ciento seguros de que el abuso existió.” (Carlos A. Rozanski)

 

 

Muchas veces frente a la falta de lesiones físicas o a ciertas contradicciones en el relato, o al silencio de esa niña o niño, se argumenta que es posible que esté fabulando, sea una falsa denuncia, haya un complot con su madre para lograr venganza, etc., desestimando los diagnósticos de los especialistas. De esta manera, podemos decir que se vuelve a “violar” a esa niña, y lo hacen quienes tienen que protegerla. “Resulta paradójico que en el ámbito creado para evitar la impunidad, en muchos casos se generen las condiciones para que se la consagre”. (Carlos A. Rozanski). Aquí el fenómeno es el de la doble victimización o revictimización, donde tiene que contar, mostrarse, desnudar su dolor, angustia, vergüenza muchas veces, frente a diferentes personas.

 


Frente a la situación traumática que ha vivido una niña que ha sido abusada, Eva Giberti describe que algunas de las dificultades podrán ser no recordar con detalle lo sucedido, que sus relatos sean parciales, que haya ciertas contradicciones, que pueda existir pérdida del registro, a causa del terror. Dice esta autora “La desmesura la deja sin palabras porque se produce una situación traumática: es el fenómeno de la indecibilidad, aquello que no puede mencionarse porque lo desborda la investidura del terror”.

 


Hay algunos axiomas a los que me voy a referir: Todo abuso sexual infantil implica violencia. La asimetría entre la víctima y el abusador es evidente, generando vulnerabilidad en la niña o niño, las fuerzas y el poder no son simétricas. La responsabilidad en los abusos sexuales infantiles siempre es del abusador. Las víctimas de abusos sexuales no pueden considerarse testigos comunes.

 

 

El abuso se puede dar a conocer por diversos medios: síntomas (cuerpo), signos (conductas), palabras.

 


Podemos distinguir entre los abusos producidos por extraños y aquellos que tienen lugar en el ámbito conviviente y con recurrencia. En el primer caso es más factible que pueda ser comunicado, pero esto no implica que lo vivenciado no sea sumamente dramático. Es más, en muchos casos el estado de shock deja a la niña en un lugar de la no palabra. En los casos donde el victimario es de la familia o cercano a la niña, entran otros factores llamados “acomodación”, “trastornos disociativos”, “secreto”, “amenazas”, que dificultan la comunicación. Pero siempre el cuerpo habla.

 


Es importante resaltar que todo contacto con casos de criaturas abusadas sexualmente, produce crisis en quienes deben interactuar con ellas… y esto no siempre se toma en cuenta.

 


Para ir cerrando este escrito voy a basarme en algunas reflexiones del Dr. Carlos Alberto Rozanski que desarrolla en su libro Abuso Sexual Infantil. ¿Denunciar o Silenciar? Habla de la necesidad de recordar y tener en claro que el objetivo primario es “la protección integral del niño y la niña”, y el objetivo secundario es “el esclarecimiento de los hechos y la sanción del/los responsables”. Y esto lo enuncia porque claramente, si bien contamos con leyes nacionales y provinciales para la protección de niñas, niños y adolescentes, a veces esta secuencia se invierte, dando lugar a la injusticia.

 


Este autor propone “comenzar a elaborar un modelo de intervención respetuoso y que no lastime a las víctimas. Uno que tenga en cuenta las principales características y consecuencias del fenómeno, así como la legislación protectora vigente y donde la criatura abusada no sea una foja más de un expediente, sino el centro y sentido mismo de esas actuaciones. Donde el familiar no abusador que acude a la justicia, reciba el trato y la contención que merece. Donde los profesionales de las disciplinas no jurídicas que igualmente les toca intervenir, sean escuchados con atención y respetados en los estrados judiciales. Y en última instancia, un modelo inspirado en la ética humanista en el cual los jueces utilicen el enorme poder que poseen, para que las leyes se cumplan y para que ningún niño víctima vuelva a ser maltratado”.

 

 

En nuestra comunidad, si bien en esta problemática se viene trabajando, todavía nos queda bastante por transitar.

 

 

Ethel Hayes

Psicóloga Social

 

Fuente: Realidad Sanmartinense - Periódico digital

Dejanos tu comentario


No es legible? Cambiar texto.

Lo + leido