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Lunes | 11 de Diciembre de 2017

Cada vez más brujas

Ni una menos

Lic. Alicia Cáceres - 15-06-2015

 

Que en estos tiempos tan vertiginosos e individualistas, haya personas que tomen la iniciativa de sacudir la modorra social y despabilarnos ante la insensibilidad con que recibimos una tras otra las noticias de violencia ejercida sobre muchas mujeres, es algo que admiro, me conmueve, me convoca y me da esperanzas en la humanidad.

 

Todo el acontecimiento tiene la increíble contundencia de la emoción que se manifiesta plasmada en la acción. Todo lo hablado y llorado puertas adentro, toda la indignación y la decisión del BASTA, se corporalizó en miles de personas presentes en las calles. La marcha realizada con la consigna NI UNA MENOS  logró una visibilidad social sumamente importante, y no abarcó solamente la puesta en conocimiento de todos de los casos de maltrato y de homicidios sino que nos desafió a pensar sobre el origen de estos casos extremos. ¿Dónde están las raíces de estas situaciones patológicas? ¿Son individuales o sociales? ¿De qué somos cómplices silenciosos con nuestras negaciones o costumbres?. Todos los adultos que conformamos esta comunidad fuimos interpelados por esta realidad de violencia diaria, y específicamente en este caso de la violencia contra las mujeres.

 

Suele suceder que el tomar conciencia sea tan doloroso que nuestra psiquis intente volver a tapar lo descubierto. Elegir un camino nuevo, implica un esfuerzo energético enorme, porque nuestra mente desconfía de lo nuevo, de lo desconocido. Se necesita reforzarlo con periodicidad para que pase a ser aceptado y conocido. Que pasa el día después de la marcha? Sostener este nivel de conciencia es duro.

 

Fue hermoso ver que muchos hombres se sintieron convocados a esta marcha, porque el NI UNA MENOS no es propiedad de las mujeres, es de la sociedad toda. De nada vale formar bandos y ver las circunstancias desde miradas polarizadas. Decir “los hombres” es una generalización ofensiva cuando a ellos se les supone una tendencia espontánea a someternos como género. Es tan ofensivo como cuando se opina (y lo hacen muchas veces muchas mujeres) que “las mujeres son conventilleras, histéricas, jodidas, envidiosas”.

 

Estamos todos empapados de las creencias y costumbres de la comunidad en la que hemos crecido, y todos estamos involucrados en la continuidad inconsciente de los fundamentalismos que nos pide muchas veces la pertenencia a la antigua aldea. “Demasiada libertad, demasiado goce”, puede ser percibido como amenazador para la continuidad del linaje, de la seguridad económica y del prestigio de la familia y la comunidad.

 

Los seres humanos rápidamente nos erigimos en jueces y verdugos de lo que nos amedrenta, sobre todo si tenemos el poder para serlo. Es por esto que los más vulnerables, las minorías, los diferentes, son los primeros en ser amonestados o castigados por sus conductas. La liberación de la violencia viene de lo más atávico del ser humano, y las costumbres limitantes tienen su matiz de violencia, así sea el aceptado “ataque de celos” o el inocente deseo de que “el primer hijo sea un varón”, para dar pequeños ejemplos (que no nos dejan afuera a muchas mujeres).

 

Es importante, que muchas mujeres podamos conversar con nuestros hombres (padres, hermanos, esposos, novios, hijos y amigos) contándoles nuestras experiencias que, quien más quien menos, hemos vivido desde niñitas. Las situaciones de abuso, de discriminación, de desigualdad de oportunidades, de represión sexual, de aprendizaje de conductas sumisas como forma de ser aceptadas y queridas, pueden ser comprendidas por los corazones sensibles de nuestros hombres. Ellos también tienen sus historias de heridas. 

 

Sé que estas palabras suenan muy contundentes y muchos juzgarán exageradas, pero sinceramente, buscar suavizarlas también sería una conducta sobreadaptada de mi parte. Señoras y señores, ya estamos grandes. Al pan pan y al vino vino. Todos avalamos y participamos muchas veces de la construcción del campo necesario para que se revele lo peor del ser humano.

 

 

Tengamos el coraje de defender día a día, en nuestro entorno y en nosotras mismas, la conciencia y la libertad que supimos conseguir.

 

 

Lic. Alicia Cáceres

 

El Pozo de Agua

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