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Jueves | 21 de Septiembre de 2017

Salud Emocional

Cuando alguien juzgue tu camino, préstale tus zapatos...

dmujeres - Revista digital - 17-06-2015

 

Seguramente algunas veces hemos sido juzgadas o tal vez, hemos abierto juicios sobre otras personas. Queremos compartir con uds. esta  nota publicada en La mente es maravillosa que nos habla acerca de esto:

 


Fuente: La mente es maravillosa

 

 

¿Cómo hacemos frente a este tipo de situaciones?

 

En primer lugar tomando aire y marcando una necesaria distancia. Lo más importante es comprender la necesidad que suele tener la gente en emitir juicios. Es algo que siempre se ha hecho y siempre se hará. La segunda fase, será simple, acepta que lo que han dicho no va contigo, “despersonalízalo”. Esas palabras no son tú, no te definen… Después, préstales tus zapatos para que vean la auténtica realidad.

 

Habitualmente, son las personas con una baja autoestima las que más juicios equivocados suelen emitir. Cuando una persona no se acepta a sí misma de modo incondicional, tampoco puede aceptar a los demás de la misma forma. Es rígida, perfeccionista y enjuicia de un modo casi arbitrario.

 

 

¿Por qué juzgamos a los demás?

 

A nadie le gusta que se le juzgue, porque con ello, lo que se hace en realidad es introducirnos en una etiqueta con la cual, definirnos e incluso sentenciarnos. No obstante, hay algo que también debemos dejar claro, “si no quieres que se te juzgue, evita hacer lo mismo con los demás”.

Ahora bien, según nos explican los psicólogos, todos nosotros tenemos una pequeña tendencia a encasillar o a poner en categorías a mucha de la gente que nos rodea. Unos son inmaduros, otros son vagos, otros son volubles o irresponsables o una persona tan negativa como insegura…

 

Y aunque es muy posible que acertemos en muchos de esos juicios, debemos ser conscientes de que es algo que no debe hacerse. Podríamos decir que antes de dar sentencia, vale la pena dejarse llevar en el día a día para “ponernos en sus zapatos“, para ver cómo sienten, cómo reaccionan, cómo sufren, o cómo se relacionan con el mundo y con nosotros.

 

 

 

Detrás de una persona acostumbrada a juzgar suele haber:

 

Una baja autoestima

 

Cuando una persona tiene una baja autoestima, es habitual que use los juicios para situarse en una posición de control desde la cual defenderse y protegerse a su vez de los demás. Te tildará de “inseguro/a” o de “fracasado/a”, porque en realidad, es así como se siente él o ella misma. No obstante, al etiquetarte a ti de ese modo esa persona ejerce el control sobre ti erigiéndose como todo lo contrario.

 

Es decir, las personas con una baja autoestima proyectan en los demás sus propios vacíos e inseguridades. Lejos de ver esas dimensiones en sí mismos, es más fácil proyectarlas en los demás y enjuiciarlos por ellos. Resulta catártico y les ofrece poder.

 

 

Falta de empatía

 

Quien juzga sin saber y a la ligera sólo con la idea de hacer daño, carece de empatía. Y aún más, quien no ve en los demás determinadas dimensiones, tampoco sabe leer en si mismo sus propias necesidades, sus propios vacíos, defectos o virtudes.

 

Es más fácil enjuiciar a los demás que hacer una lectura interna para conocernos con humildad y a su vez, ofrecer respeto a los demás.

 

 

Heridas emocionales

 

Quién ha sido herido puede reaccionar de dos modos. La primera forma es obteniendo un conocimiento emocional de lo ocurrido para actuar con resiliencia y avanzar, y por lo tanto, ser más sabio a la hora de gestionar determinadas situaciones. En este caso, tendríamos sin duda personas más empáticas que lejos de emitir un juicio, saben atender mejor y entender sin “encasillar”.

 

Por otro lado, tendríamos esas otras personalidades que después de haber vivido una situación más o menos dolorosa, no la ha procesado ni gestionado bien. Queda el rencor y el resentimiento, uno tan grave y dañino que le hace enjuiciar a los demás proyectando en los ellos sus propias amarguras, sus dolores, sus “sombras”.

 

En lugar de afrontar las situaciones problemáticas desde una forma más abierta, creativa y con respeto, lo hacen desde un punto derrotista, siendo sin lugar a dudas,comportamientos muy tóxicos y dañinos.

 

 

Antes de juzgar, deberíamos aceptarnos a nosotros mismos de modo incondicional con nuestros defectos y nuestros talentos. Trabajar en la aceptación de uno mismo, eleva nuestra autoestima, y cambiará nuestra forma de relacionarnos con nosotros y con los demás.

 

 

 

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