Cronopias

El verdadero dolor es indecible

Mariana Taberniso - 06-08-2013

“El verdadero dolor es indecible”

 

Sin embargo se escribieron letras y letras sobre el dolor en la Literatura. Cantidad infinita de palabras y sentires que hablan del dolor que no puede decirse; de ésa extrema vivencia que nos invade y nos golpea hasta el infinito a lo largo de la existencia. Y como si eso fuera poco, hay repetición de ejemplares sobre libros que hablan de lo indecible del dolor… “para vivir tenemos que narrarnos” escribe Rosa Montero.


La maravillosa manera que tiene Rosa Montero de hacerlo en “La ridícula idea de no volver a verte”, donde narra la historia entrañable de amor al amor y a la ciencia de Marie Curie y Pierre Curie, es una muestra existencial de todo lo que puede decirse del dolor. Sin embargo la Vida que se despliega en esas líneas, la historia real y novelada de una pareja que encontró en un proyecto común: la ciencia y la familia, la razón enorme de su existencia; y junto con ella la intangible realidad que  los atropelló a cada paso. 

 

Todo eso mientras estaban más vivos que nunca… Y de golpe, sin aviso previo, un accidente deja a Marie sin Pierre y ésa es la “falta” insoportable que la une a Rosa Montero. Su propia historia de amor, la de la autora,  interrumpida por la muerte de su pareja, que en su caso padece una enfermedad que anticipa el fin de la existencia; la aproxima, la obliga, la interpela a estudiar esa otra historia inmensa que narra de  manera tierna, amorosa, ácida, analítica, sentida como es su estilo. “Por eso cuando alguien fallece hay que escribir el final; el final de la vida de quien muere, pero además el final de nuestra vida en común”

 

En la novela las relaciones humanas están plasmadas de manera íntegra, los personajes aparecen uno a uno sin prisa y sin pausa contando ése tiempo del mundo, que suele, a la distancia, tener zonas incomprensibles. La entrega, ese don que algún@s tenemos, y que nos caracteriza cuando amamos, aparece medido por las acciones y gestos genuinos, esperanzados, torpes, cuidados, tan reales como la historia misma del descubrimiento de una pizca de cloruro de radio.

 

La historia muestra una vez más al recorrido arduo que las mujeres hemos debido hacer para poder decir lo indecible del dolor que implica, estar borradas del lugar del sentir, del deseo, de la inteligencia, de la palabra, del descubrimiento, de la creatividad… querer brillar por ti misma en tiempos de Marie Curie era anormal, presuntuoso y hasta ridículo. Y si a esto se sumaba un Padre que ningún crédito le atribuía por ser mujer, suceden cosas como las que Rosa nos cuenta que atravesó Marie.  Ese padre que falleció antes  de que le dieran el Premio Nobel a Marie Curie no pudo presenciarlo, sin embargo como cree Rosa Montero seguramente habría tenido “alguna cosita desagradable para decir”.

 

Premio Nobel después de  cocinar, remover, fraccionar, manipular hasta la extenuación toneladas de pecblenda para conseguir un décimo de cloruro de radio lo suficientemente puro. Su padre le respondió en una carta a su descubrimiento que era una lástima que tanto trabajo fuera sólo una cuestión experimental. Estos progenitores que nunca se conforman!!!

 

Marie y Pierre se eligieron y de un modo que parece indecible, Pierre logra en una carta, una vez más con las palabras, una propuesta de matrimonio que Marie resistió casi un año, para darle el sí y que la luna de miel los encontrara pedaleando en bicicleta media Francia. “sería muy hermoso, aunque no me atrevo a creerlo, pasar la vida uno junto al otro, hipnotizados por nuestros sueños…” 

 

La intempestiva muerte de Pierre deja a Marie en la intemperie extrema, y con la fuerza, el coraje, la convicción y unos cuántos intensos mandatos sociales con los que romper, logra atravesar hasta la posibilidad que un nuevo amor prohibido le provoca. Otro hombre dice de Curie “me sentía atraído como hacia una luz, en el santuario de luto en que se había encerrado, con un fraternal afecto nacido de la amistad por ella y su marido, que fue haciéndose más estrecho y comencé a buscar en ella la ternura que me faltaba en casa”. Interesante es transcurrir por esa relación de margen que Marie tiene con Paul Langevin durante su viudez. 

 

Maestría, la de Rosa Montero, para transformar lo personal en ARTE.

 


En ambos casos, Marie – Pierre; Rosa – Pablo;  la inteligencia une a hombres y mujeres, las admiraciones mutuas hacen que se elijan, se entrelacen y se acompañen hasta los fines que impone la ausencia del cuerpo del otro. Con ésa ausencia tantas cosas parten. “Yo que me pasé toda la existencia poniéndole palabras a la oscuridad me quedé sin poder narrar la experiencia más importante de mi vida” y es cierto, poco dice Rosa Montero de ella y de Pablo, pero lo que poco parece, es de una intensidad tan sublime que deja pasmada la lectura.

 

No quedan dudas que les recomiendo, Cronopias!, la lectura de ésta novela, “La ridícula idea de no volver a verte”, no pretendo ser vuestra crítica literaria ni mucho menos, sólo brindar con el corazón abierto y las emociones a flor de piel, la indescriptible sensación de la LECTURA en la vida que transcurre.

 

Porque como escribe Rosa, “quizá los humanos estemos tópicamente acostumbrados a fijarnos sólo en las grandes hechos, en los actos pesados, en la solemnidad y en el afán. En cosas tan obvias y ruidosas como el descubrimiento de la radiactividad y la penicilina, o la llegada a la luna, o el auge y la caída de los imperios. Que por supuesto son sucesos memorables, y es lógico que nos llamen la atención. Ahora bien: Eso no es todo lo que hay”

 

El placer siempre es mío!

 

Mariana

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