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Martes | 17 de Septiembre de 2019

Psicología

Maternizar a los padres

Lic. Patricia Pignato - 23-10-2015

"Cuantas más velas tiene nuestro pastel, menos aliento tenemos para apagarlas" Gustave Flaubert

 

 


 

El tiempo pasa... nuestros mayores envejecen y sus energías ya no son las mismas, de a poco sus movimientos se van lentificando, el dolor de sus rodillas comienza a aparecer, las piernas cada vez responden menos, la disminución de la vista en algunos, o del oído en otros, hace que vayan quedando como solos en su propio mundo. Con el envejecimiento aumenta la dependencia hacia los hijos, y es entonces cuando los roles se invierten, ya que ahora serán éstos quienes tendrán la tarea de *maternizar a sus padres*.

 

La vejez es reconocida como un signo del tiempo transcurrido, y relacionada para muchos con la experiencia y sabiduría, mientras que para otros es vista y o vivida como una etapa de enfermedad y dificultades. Aceptar el proceso de envejecer y atravesarlo no resulta fácil, especialmente cuando las limitaciones que acarrea la vejez se vuelven invalidantes, dejando en evidencia un marcado deterioro físico.

 

 

"Aprender a no ser joven, es el aprendizaje más largo y más difícil de la vida" León Daudi

 

 

A medida que nuestros mayores van transitando el último tramo de su existencia necesitan de la conexión con los más jóvenes y los niños porque en ellos encuentran la calma de la trascendencia, logrando compartir, la sabiduría y el cariño sereno que propician la edad, con la franqueza y la inocencia fresca  de los más jovencitos.

 

 

“Una bella ancianidad es, ordinariamente la recompensa de una bella vida” Pitágoras

 

 

Como fueron en su juventud, así envejecen, quien ha tenido fuerte carácter, seguramente a esta altura del partido no estará dispuest@ a soltar las riendas del  control, obstaculizando decisiones que les facilitaría una vida mejor y de calidad.

 

Ayudarlos a reconocer y aceptar que mucho de lo que antes hacían por sus propios medios, ahora deberá ser en compañía, será para algunos mayores un factor de resistencia, mientras que otros estarán  bien predispuestos a recibir las mejores soluciones.

 

Para los hijos, ver el declinar de sus padres es una experiencia dolorosa, especialmente para aquellos  cuya vejez ha sido cruel y el ciclo de la muerte: oscuro y aterrador.

 

Muchas personas atraviesan la última etapa de la vida sintiéndose inútiles y deprimidas porque ya no pueden identificarse con su trabajo o empleo ni tienen la sensación de ser necesarias.

 

Por tal motivo se intensifica la necesidad de sentirse reconocidos y valiosos, es por ello que manifestarles: cariño, tolerancia, dedicación y respeto es una misión fundamental a los fines de dulcificar el tramo final de sus vidas.

 

Por otra parte los hijos tenemos que prepararnos para aceptar que no siempre estarán a nuestro lado y que en algún momento irán bajando sus defensas para disponerse a partir definitivamente.

 

 

Lic. Patricia Pignato

 

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