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Lunes | 11 de Diciembre de 2017

Cada vez más brujas

Dueñas de nuestras vidas

Lic. Alicia Cáceres - 14-12-2016

 


 

Como una cachetada para despabilarnos de una ingenua dormidera, este año 2016 nos enfrentó con una escena perversa que se repite día a día como una película de terror. Es una pesadilla colectiva de la que no podemos salir aún, pero al menos, advertimos que debemos hacer lo posible para despertar. Hemos dado el paso de dejar de creer que esto es algo que les pasa a otras. Los noticieros se poblaron de rostros de mujeres de todas las edades y clases sociales, vecinas nuestras, colegas, hijas, otras que somos nosotras. Dejó de ser una noticia al pasar para instalarse en el consciente colectivo.

 

Mujeres lastimadas y mujeres muertas. Muchas mujeres, tantas, que alcanzó para que, desde lo más profundo de nosotras, tripas o alma, surgiera el grito de NI UNA MENOS, venciendo el miedo individual para convertirse en un basta! comunitario. Detrás de cada muerte y de cada mujer golpeada hay una historia que va más allá de los vínculos tóxicos construidos generalmente con sus parejas. Hay una cultura que nos impregna y en la cual vivimos con absoluto automatismo. No es posible discernir sobre asuntos que nos suceden sin ningún cuestionamiento porque forman parte de los usos y costumbres de nuestra sociedad.

 

De pronto, comenzó a generarse un enojo tan implacable y colectivo, que nos puso de pie, nos sacó de nuestras casas, nos dio una fuerza enorme para caminar bajo la lluvia al grito de NI UNA MENOS, VIVAS NOS QUEREMOS!. Reconocer, mal que nos pese, que esto está sucediendo y nadie lo está parando, porque somos nosotras las que tenemos que ocuparnos en las calles y en nuestras casas de dar vuelta a esta realidad mortal.

 

Las mujeres solemos resolver muchas de nuestras dificultades en el intercambio con otras mujeres, de consejos, experiencias, compañía, apoyo y colaboración. Pero resulta que en situaciones de abuso y violencia nos escondemos, por miedo, por vergüenza o por una idea de amor mal entendido. Sea como sea, quedarse sola nunca es una buena estrategia.

 

Quiero aclarar que no estoy dividiendo el mundo en Hombres malos y Mujeres buenas. Luces y sombras tenemos todos, y soy consciente de la violencia de que puede ser capaz también una mujer. Así de como muchos hombres nos acompañaron a las marchas y nos acompañan en la vida, con mucho coraje y amor. Lo que quiero enfatizar hoy es que nuestra sociedad, nuestra cultura, tiene aún (y falta mucho camino por recorrer) a la mujer como una minoría discriminada y sometida. Y de esto también las mujeres somos responsables, por sostener usos y costumbres sin replantear y por acomodarnos por cobardía o comodidad a situaciones que se repiten de generación en generación.

 

Al día de hoy el nacimiento de un varón es más celebrado que el de una mujer por muchas parejas. Muchas personas siguen separando rígidamente juegos y vestimentas (colores incluidos) para niños y niñas. En muchos hogares se infunde sutilmente o frontalmente la idea de que las niñas deben cuidar especialmente sus cualidades de belleza y buenos modos, como estrategia para ubicarse mejor socialmente. Las costumbres hogareñas sobre quien se ocupa de las tareas domésticas están lejos de ser equilibradamente repartidas, generalmente aún la mujer que trabaja fuera del hogar tiene más carga de trabajo en la casa. Muchas mujeres son discriminadas como candidatas a puestos de trabajo por estar en un periodo fértil de la vida. Temas como métodos de anticoncepción, aborto, protagonismo en el embarazo y el parto, derecho a decidir ser soltera, no tener hijos y a una sexualidad libre, son tabú para la mayoría de la gente. Recién ahora se está legislando para poner coto al acoso en la calle, al que ya casi nos habíamos acostumbrado. En las conversaciones es notable como muchas veces se da por sentado que, si una mujer se viste de tal o cual forma, o si viaja sola, o si es firme en su forma de expresarse, está buscando problemas. En fin, mil ejemplos que muchas veces no miramos y no reflexionamos sobre ellos, sin darnos cuenta de la pérdida de dignidad y libertad que conlleva esta conducta irresponsable.

 

Vivas nos queremos, no para vivir ingenuamente ni para desperdiciar la vida. Nos queremos vivas y dueñas de nuestras vidas. Para aportarle algo al mundo, porque somos capaces de crear, nutrir, proteger y educar, y esto nos hace necesarias para construir un mundo mejor. Para ser dueñas de nuestras vidas necesitamos educación, seguridad, respeto y reconocimiento. Pero sobre todo necesitamos salir de lo conocido, ser capaces de pensarnos y tener el coraje de elegir, de ser responsables por nosotras mismas.

 

No nos durmamos en los laureles, que no nos duerman con cuentos de hadas. Despiertas nos queremos, para vivir con conciencia y dignidad.

 

 

Alicia Cáceres

 

El Pozo de Agua

 


 

Ana Cejas - Vivas nos queremos 

 

Mil gracias Ana!!!

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