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Viernes | 17 de Noviembre de 2017

ARQUITECTURA Y AMBIENTE

Ciudades resilientes

Arq. M. Andrea Rodríguez - 14-12-2016

 

Así como los vertiginosos cambios que suceden en nuestras vidas nos llevan a adaptaciones y reconversiones que permiten sobreponernos y sobrellevar adversidades, en el campo ambiental, los ecosistemas enfrentan el desafío de dar respuesta a fuertes cambios producidos por factores naturales o agentes externos.

 

 

 

Del análisis de las características que hacían que algunos ecosistemas pudieran absorber fuertes perturbaciones y otras colapsaran en el intento, es que surge el concepto de resiliencia como un claro indicador de sostenibilidad ambiental.

 

En 1973 Crawford Holling introduce por primera vez el concepto de resiliencia en la literatura ecológica como una forma para comprender las dinámicas y los procesos a través de los cuales los ecosistemas se auto-mantienen y persisten frente a perturbaciones y a los cambios.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La magnitud de las perturbaciones que pueden ser absorbidas por el sistema define su capacidad de resiliencia, permitiendo la reorganización, transformación, renovación y evolución continua del ecosistema.

 

Para fijar un criterio sostenible al desarrollo económico, social y ambiental, es necesario considerar el grado de estabilidad y equilibrio de los ecosistemas, buscando no afectar de forma negativa la capacidad de resiliencia de los mismos, ya que existen umbrales de recuperación, a partir de los cuales se produce la imposibilidad de adaptación al cambio. El punto en el cual el ecosistema pierde su capacidad de recuperación o su resiliencia e integridad se denomina punto de inflexión o umbral ecológico. Si la perturbación es demasiado intensa y persiste en el tiempo, esta puede dar origen a una cascada de efectos del sistema, los cuales determinan el paso del mismo a un nuevo estado.

 

El concepto de resiliencia resulta clave entonces, como un indicador de las posibilidades de mayor comprensión en los procesos de diagnóstico, permitiendo predecir la respuesta de los ecosistemas frente a diversas perturbaciones, con lo que representa un instrumento muy adecuado para la gestión ecológica.

 

 

 

Según el portal ONU Hábitat, las ciudades resilientes son aquellas que están preparadas para el cambio y cuentan con medidas adecuadas para recuperarse de alguna crisis. Las consecuencias de cada crisis dependen de la preparación de la ciudad para preveer y hacer frente a determinados impactos esperables y de la manera en que la ciudadanía percibe y reacciona ante ellos, elaborando estrategias a mediano y largo plazo.

 

Esto requiere de un conocimiento y diagnóstico adecuado a partir del cual se tomen las decisiones que le permitan recuperar el buen funcionamiento de la manera más inmediata.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Desde 2010, la oficina de las Naciones Unidas para la Reducción de Riesgos de Desastres (UNISDR) impulsa la campaña Desarrollando Ciudades Resilientes, que serán aquellas que implementen políticas locales de prevención, reducción de riesgos y respuestas ante las catástrofes.

 

 

La Fundación Rockefeller, a través de su división 100 Ciudades Resilientes, busca promover el bienestar de los habitantes, haciendo hincapié en varios factores que determinan la calidad de vida de los ciudadanos como la proliferación de espacios verdes y huertos urbanos, la generación de vías rápidas de transito público urbano, ciclovías y paseos peatonales, redes de intercambio de bienes y servicios, utilización de biocombustibles, participación ciudadana en la discusión de los ingresos públicos, etc.

 

 

 

 

 

Una ciudad resiliente es una ciudad integrada, incluyente y conectada. Santa Fe capital y la Ciudad de Buenos Aires fueron elegidas para integrar la red de 100 Ciudades Resilientes y trabajar para adaptarse y crecer frente a los múltiples desafíos que enfrentan, junto a expertos y ciudades de todo el mundo.

 

Más allá que la palabra resiliencia haya sido puesta en valor estos últimos años y utilizada para los más diversos objetivos, es quizás su carácter conciliador y transformador el que nos seduce como propuesta de aprendizaje personal, grupal o social, posibilitando proyectar y planificar una mejor calidad de vida de cara al futuro.

 

 

 

 

Arq. María Andrea Rodríguez

 


 

mara-haus arquitectas asociadas

María Andrea Rodríguez Anderson- Cristina Hauscarriague
marahaus.arqs@gmail.com

 

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