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Viernes | 17 de Noviembre de 2017

Cronopias

Esperando a Godot

Taberniso y Sajoux - 20-12-2016

 

 

 

“Un dìa me desperté ciego como el destino. (Pausa)...

 

A veces me pregunto si aún no estaré durmiendo.” dice Pozzo en Esperando a Godot. Y yo, Maria Sajoux, pregunto quién duerme?.  En estos tiempos de fuga, de virtualidad, de fast-food y fast-love (me invento el término para hablar de amores express, rápidos en entrega, despacho y demanda inmediata. Lo ya resuelto concluye con la misma inmediatez y otra vez a la ruleta del azar para encontrar otro amor). Decía que en estos tiempos de lo expeditivo, de arte y tecnología reinventando las formas del arte todavía contamos con el teatro; el arte del presente.

 

 

Este año la gente no sabe qué pasó pero entre el vértigo y la vorágine hay un comentario generalizado de no haberlo vivido. De no haber estado. “No me di cuenta en qué momento se me fue el año” dice la gente, y dice bien.

 

 

Como sea, y mientras sea, creo que el teatro nos salva de esta era de dispersión y poco encuentro. Para mi el teatro es, efectivamente, encuentro con el otro.

 

 

Entonces que sea el teatro, en su forma dramática y textual, el que nos encuentre hoy y nos despierte un poco del “adormilamiento”, para que no se nos fugue una vez más el tiempo.

 

 

Cuando los textos sobreviven a su generación hay que sospechar que portan “algo” que los hace subsistir, que les permite trascender. Algo que viaja por debajo del texto y se reactualiza en el presente, hoy.

 

 

Así es que “Esperando a Godot” de Samuel Beckett nos llega viviente y sobreviviente a una Segunda Guerra Mundial en donde muchos de los que no eran alcanzados por las bombas elegían el suicidio. (Dato histórico que resulta interesante: Es por esto que la Tour Eiffel fue cerrada en esos años, porque la gente subìa para tirarse de ella. En su mayoría eran intelectuales de la época.)

 

 

En la espera por la llegada de un tal Godot los personajes principales buscando “matar el tiempo”, como dicen, piensan en el tiempo que les es propio. Lo hacen como si avanzaran en círculos sobre el trasfondo de su existencia y los temas que les ocupa. Como obra incipiente en el llamado teatro del absurdo, Beckett le da vida a Vladimir y Estragón que oscilan entre la espera de saberse con un destino incierto y el suicidio.

 

 

En su juego calesita absurda, la angustia de los textos empiezan a generar algo cómico en quién los lee charlar sobre la desgracia, la miseria, el hambre y la contradicción entre lo que se dice y se hace. Siempre sin dejar de esperar, ¿a quién? No se sabe. ¿Por cuánto tiempo? Tampoco.

 

 

Pozzo, un tercer personaje que está de paso en la ruta donde esperan Vladimir y Estragón dice “No hablemos mal de nuestra época, no es peor que la pasada. (Silencio.) Pero tampoco hablemos bien. (Silencio.) No hablemos. (Silencio.) Es verdad que la población ha aumentado.”

 

 

Entre las contradicciones estos dos amigos o desconocidos oscilan entre la memoria y el olvido

 

            “Vladimir: … ¿Qué te ocurre?

            Estragón: Soy desgraciado.

            Vladimir: ¡No bromees! ¿Desde cuándo?

            Estragón: Lo había olvidado.

            Vladimir: La memoria nos juega esas malas pasadas...!”

 

 

Leo la obra y me imagino a un Sisi (Vladimir) y Gogo (Estragón) argentinos que mientras se niegan a hablar de ciertos temas no hacen más que hablarlos. Que mientras nos negamos la posibilidad de estar con otros no hacemos más que buscar estar con otros. Incluso a la hora de la memoria somos una sociedad que todavía se contradice y busca y erra.

 

 

Esperando a Godot, para mi, Mariana, ha sido la obra teatral que marca la esperanza en la espera, y un andar sin rumbo, porque buscarlo, hacerlo, encontrarlo siempre es más comprometido que sentarse a esperar, que llegue. Esperando a Godot es esperar tanto la vida plena como la muerte cierta, llena de preguntas y respuestas obvias, en  un mundo que no hace otra cosa que dejarnos perplejos frente a lo que parece que ya aprendimos, que ya sabemos, que no podemos desconocer y sin embargo; vuelve a suceder - nos. Alguien espera  siempre otra cosa, alguien espera, alguien llama a ése esperar y lo comparte mientras llega. Qué? Quién? o? Cuándo?, las preguntas del SER de la mujer, del hombre, sujetas a derecho, en estos tiempos.

 

 

Una obra para leer, un texto para ver en pelìcula, una fuente de emociones que vienen bien cada tanto, para sacudirnos de esa sensación que narra María Sajoux, mientras entre recomendaciones literarias nos invita a preguntarnos...qué hicimos este año 2016 con nosotrxs mismxs?

 

 

El placer siempre es mìo, en éste caso, nuestro

 

María Sajoux

Actriz -Escritora

Mariana Taberniso

Una mujer común y silvestre, tirando a inolvidable. smiley


“Se trata de una memoria productiva -no reproductiva- que, en su ejercicio, transforma los hechos del pasado en documentos del presente y permite observar los mecanismos de transisión y representación que se ponen en juego en todo acto de recordar” (Fragmento del libro “Analogía de Argumentos Teatrales II”)

Editorial Libretto, 2016 

 

 

 

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