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Tarsila do Amaral

dmujeres - Revista digital - 14-06-2014

"Cada vez me siento más brasileña: quiero ser la pintura de mi tierra. Qué gratitud siento por haber pasado toda la infancia en la hacienda. Las reminiscencias de esa época se me van haciendo preciosas. Quiero en el arte ser la caipirinha de Sao Bernardo jugando con muñecas de matorrales, como en el último cuadro que estoy pintando"



Tarsila do Amaral nació en Capivari, San Pablo (1886-1973) en el seno de una familia acomodada, llevó adelante sus estudios tanto en su país como en Europa. En París se vinculó con pintores ligados al cubismo Fernand Léger, André Lhote y Albert Gleizes entre otros. Tarsila tomó de ellos un pensamiento estético ligado al arte clásico, en términos de armonía, orden y equilibrio y la incorporación del lenguaje cubista, que lo incorpora a su pintura en clave brasileña. 



Con posterioridad incursiona en el surrealismo, visiones del inconsciente, leyendas e historias contadas en su infancia, le sirven de recurso para pintar cuadros habitados por seres fantásticos y vegetación exuberante. Se suma dentro de la vida de Tarsila el firme deseo de destruir la tradición académica reinante.



Intelectuales y artistas –que habían realizado su formación en Europa– se reúnen y llevan a cabo la Semana de Arte Moderno que constituyó un hito del modernismo brasileño. La construcción de la modernidad y de la identidad nacional, en los países de América Latina, son las caras de una misma moneda. En este sentido, Tarsila do Amaral comienza a pensar en la necesidad de volver hacia sus raíces, indagando acerca del concepto de la "brasilidad". 



La obra Abaporu (1928) acompañó el surgimiento del Movimiento Antropofágico, piedra de toque del modernismo brasileño. Tarsila pintó esta obra como obsequio de cumpleaños para su marido. Cuando Oswald de Andrade vio a este ser desnudo y deforme, afirmó: "Esto parece el antropófago, el hombre de la tierra". Buscaron en un diccionario de lengua tupí guaraní y encontraron que "aba poru" significaba "hombre que come hombre". Comerse al europeo, tomando de éste lo que puede nutrir y desechando lo que puede perjudicar. 



Metafóricamente, los modernistas brasileros, y entre ellos la presencia emblemática de Tarsila tomaron esta imagen de la antropofagia para la construcción de su identidad cultural y de la lucha por liberarse de la dependencia intelectual de Europa. 



Europa y América, cubismo y tropicalismo, geometría y vegetación, campo y ciudad son algunas de las antítesis sobre las que se fundamenta el excepcional trabajo plástico de Tarsila do Amaral, "caipirinha vestida por Poiret", según el célebre verso de Oswald de Andrade.



Las invito a sumergirse en la energía, fuerza, y color del Brasil de Tarsila. 



Prof. Margarita Solli




Tomado de la Colección Educ.ar
Fundación Malba 

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