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La historia detrás de una sombra

Celia Sanabria - 01-11-2013

Cuando comencé a pintar un mundo traspasó los pinceles, plasmándose en una explosión de colores, que por su impacto podían decir más de lo que yo misma pensaba.

 

Pero de pronto, una simple pregunta me hizo descubrir la puerta de un mundo que no había tenido presente, ¿Mamá por qué no me podés hacer un cuadro en blanco y negro?, quiero decir, sin que lo llenes de colores… y en ese instante, yo misma me pregunté: ¿por qué no puedo?

 

Lo primero, fue pensar que la solución era no poner el trazo de color, y luego no tentarme con el siguiente y con los que le siguen…

 

Pero, el gran tema, era ver cómo reemplazarlos, cómo lograr decir lo mismo nada más que con blanco y con negro…

 

Y ahí está el secreto, la expresión es: ¡Nada más que con blanco y negro! (Y todo el mundo intermedio de los grises, de los contornos y de sus ausencias).

 

Entonces Jesica, mi profesora, me dijo, señalándome un dibujo:

 

“Las sombras no son sólo manchas oscuras, son historias que esperan ser contadas, hay que descubrirlas, entenderlas y plasmarlas”, como el poder que tienen un par de trazos en representar las arrugas en un rostro, o cuánto se puede decir con un silencio.

 

Así fue, que sin demasiado esfuerzo me enamoré de los retratos, de los dibujos en lápiz. Hoy puedo decir que fue una gran experiencia porque encontré una habilidad que me reconforta, que realizo con mucha dedicación, y que me gusta tanto como llenar el lienzo de un sinfín de colores.

 

Como resultado de esto, aprendí que no todo lo que parece más simple tiene ausencia de trabajo y… al fin pude colgar el tan anhelado cuadro en blanco y negro en el cuarto de mis hijos.

 

 

Celia Sanabria

 

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