Cada vez más brujas

Seamos potentes, no mediocres

Lic. Alicia Cáceres - 10-11-2013

 

 

De vez en cuando hay que hacer
una pausa
contemplarse a sí mismo
sin la fruición cotidiana
examinar el pasado
rubro por rubro
etapa por etapa
baldosa por baldosa
y no llorarse las mentiras
sino cantarse las verdades.

 

  Mario Benedetti

 


 

Como comunidad, y dentro de ella como pequeños grupos, vamos conformando una red de vínculos que hacen posible nuestra existencia humana. Son redes que vamos construyendo con mayor o menor conciencia, de las que dependemos para nuestra subsistencia y crecimiento, en las que nos sostenemos emocionalmente para alcanzar objetivos, y en las que participamos tanto para su fortalecimiento como para su debilitamiento.

 

Observo desde hace muchos años, (y en esto entiendo  que han colaborado mucho las prácticas de la psicología dentro del ámbito de la educación), un relajamiento en las acciones encaminadas a lograr calidad en un objetivo. Es muy común que seamos perezosos o vacilantes al momento de educar a nuestros hijos en como alcanzar un logro con trabajo. Después de décadas de padres autoritarios, aparecimos otras generaciones de padres acomplejados para ser autoridad. Es que de alguna manera seguimos siendo niños rebelados ante esos fantasmas.

 

Una red poderosa tiene hilos fuertes, flexibles, bien atados por nudos realizados con responsabilidad. Cuantos más hilos y más nudos, más entramada es esa red. Si los que conformamos la red nos conformamos con una presencia floja, toda la red comenzará a ser vulnerable.

 

Nos hemos acostumbrado a hacer las cosas “más o menos” y a aceptarlas también con esa calidad. Muchos estamos cansados de este mal hábito y no queremos resignarnos. Enunciar esto tiene sus bemoles, rápidamente aparece alguien a tildarnos de perfeccionistas, obsesivos y finalmente de autoritarios. Se desconfía del que se esfuerza con perseverancia para alcanzar objetivos.

 

La red comunitaria necesita de una tensión óptima. Ser perfeccionistas o hacer nuestro trabajo con rigidez y obsesión sólo nos llevará a quebrarnos. Ser laxos, perezosos e irresponsables, a la anomia total. Qué necesitamos? El compromiso y el trabajo responsable de cada uno.

 

“Es lo que hay” dice la mediocridad. “Bueno, hacelo más o menos, como salga”, “lo atamos con alambre”, son afirmaciones que anticipan  un resultado mediocre. Pone excusas por anticipado para justificar la baja calidad del resultado. Si actuamos con mediocridad, nos volvemos sumisos, dóciles, prejuiciosos, faltos de imaginación, cómplices tontos o corruptos disimulados, en suma, incapaces de amar.

 

“El hombre sin ideales hace del arte un oficio, de la ciencia un comercio, de la filosofía un instrumento, de la virtud una empresa, de la caridad una fiesta”
José Ingenieros

 

No estoy hablando de éxito, estoy hablando de ser responsables los unos por los otros, en lo mínimo y en lo máximo. Y esto implica un aprendizaje desde niños: enfocarnos y esforzarnos con amor por la tarea. Si hay talento y creatividad, el esfuerzo multiplicará la calidad del resultado. Si ponemos el alma y el cuerpo actuaremos con generosidad, soñadoramente, con entusiasmo y libertad.

 

Quiero en estas líneas rescatar la cultura de la responsabilidad y el esfuerzo. Muchas veces, se habla del concepto excelencia como hábito para lograr resultados de calidad. Personalmente, creo que también la palabra excelencia suena en nuestros oídos como perfeccionismo, aún cuando se insista en explicar sus diferencias. Creo que se sigue insistiendo en la forma y no en la esencia de los actos elevados. Lo esencial es actuar con amor, en el sentido de la palabra ágape como la  concebían los antiguos griegos, un tipo de amor incondicional y reflexivo. Poniendo lo mejor de mí mismo, y teniendo en cuenta al otro. Consciente de mi lugar en la red.

 

Tanto en nuestro trabajo, como en nuestros ámbitos familiares y de amigos, esforcémonos por desarrollar nuestros dones y los valores que enunciamos.

 

En algún lugar profundo, una voz nos recuerda quiénes somos y nos impulsa hacia ello. Estamos acá para desplegar el máximo de nuestro ser.

 

 

 

 

Mufasa: Ve en tu interior, Simba. Eres más de lo que eres ahora. Toma tu lugar en el ciclo de la vida.

 

Simba: ¿Cómo puedo regresar? No soy el mismo de antes...

 

Mufasa: Recuerda quién eres... tú eres mi hijo, el rey verdadero... recuerda quién eres...

 

De la película “El Rey León”

 

 

 

Lic. Alicia Cáceres

 

El Pozo de Agua

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