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Lunes | 27 de Septiembre de 2021

Cada vez más brujas

Parir y nacer todos los días

Lic. Alicia Cáceres - 14-12-2013

“ - Los hombres ya no recuerdan esta verdad -dijo el zorro-. En cambio tú, por favor…, no debes olvidarla. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado. Eres responsable de tu rosa…
 

- Soy responsable de mi rosa… -dijo en voz alta el Principito a fin de recordar…”

                                                                                                                                               

                                                                                                                                                     Antoine de Saint-Exupéry

 

 

Cuando nace un bebé, aún en las circunstancias más desafortunadas, nuestro corazón se estruja de emoción ante esa nueva vida que asoma. Es que siempre nos trae la esperanza de un futuro mejor y de un presente donde podamos poner lo mejor de nosotros mismos.

Hace poco veía en un noticiero el intensísimo momento vivido por los empleados del peaje de una autopista que al rato de haber sufrido un accidente donde un camión embistió las casillas donde trabajaban dos compañeros (que murieron a raíz del suceso), debieron asistir el parto urgente que tuvo lugar allí mismo!!. A veces nos enteramos de bebés rescatados del abandono, con una emoción visceral tanto de los protagonistas del rescate como de nosotros mismos como testigos.

Cuando nace un bebé dentro de nuestra red familiar o de amigos, es un acontecimiento fundamental, marca una nueva etapa en nuestras vidas. Cada uno trae potencialmente una promesa, una estrella.

 

Todas las mujeres que hemos parido hablamos de nuestros partos. Los repetimos, los contamos con detalle, nos emocionamos cada vez que los relatamos. Es un momento tan intenso, tan profundo, que sólo alguna muy negadora pasa por la experiencia superficialmente.  El parto es cuerpo y emoción, es peligro, es sangre, es respiración agitada y sudor, es risa y alivio, es fuerza brutal. Nos pone en contacto con nuestro instinto y nuestros gritos más salvajes. Es la vida que lucha en una vorágine de desborde y transformación.

 

Obviamente, no siempre es así. Hay partos difíciles y largos, y otros rápidos y fáciles. Hay quien se prepara con dedicación y quien se entera a último momento que está enfocándose en ese gran momento. Hay bebés deseados y queridos, otros abandonados desde el primer momento. El parto nos sumerge en nuestro inconsciente y nos deja allí por unos cuantos días. El parto te convierte en la mujer salvaje.

 

Muchas religiones y cultos tienen en su historia sagrada un momento de parto conmovedor. Es el nacimiento de un avatar, de Dios que viene al plano de la experiencia humana, atravesando las sutiles fronteras del existir comenzando por la encarnación milagrosa en el vientre de una mujer. Jesús, Krishna, Horus, Mitra, y otros, son protagonistas de estos embarazos y nacimientos que están inscriptos en nuestro inconsciente colectivo.

 

Un niño nace, un niño Dios. Una mujer lo trae a la vida desde su vientre. Es un nuevo comienzo que se re-crea año tras año. ¿Qué importan los regalos caros, los adornos luminosos, la mesa cargada de comida? Todo eso es muy lindo y claro está que hace a la fiesta. Pero si realmente estamos allí, al lado de la mujer que está pariendo, la María humana y divina, cuando finalmente el niñito respira y llora, y está aquí con toda su vida por delante, como lo hemos estado nosotros al nacer, seguramente nos abrazaríamos y lloraríamos de emoción.

 

Cada niño que nace renueva nuestra esperanza de un mundo mejor. No siempre trae un pan bajo el brazo, porque nuestro mundo está lejísimo de ser un mundo de paz y justicia. No siempre es amado y respetado. No siempre es alimentado y educado.

 

Llegamos a este fin de año preocupados y cansados. Dolidos por nuestros desencuentros y por las heridas que no cierran. Pero te pido que pienses, que te imagines un niño que nace, un bebito que está naciendo ahora, su mamá, su papá, su familia. Ese sentimiento de amor y esperanza que estás sintiendo está en vos, en mí y puede estar en todos nosotros.
 

 

… Tu conducta influencia a otros por el efecto del susurro. El efecto del susurro es eficaz porque todos tienen influencia en todos. La gente poderosa tiene poderosa influencia.
 

Si tu vida funciona, influenciarás a tu familia. Si tu familia funciona, tu familia influenciará a la comunidad.
 

Si tu comunidad funciona, tu comunidad influenciará al país. Si tu país funciona, tu país influenciará al mundo.
 

Si tu mundo funciona, el efecto del susurro se repartirá por el cosmos.
 

Recuerda que tu influencia empieza en ti y surge de ti como un susurro. Por lo tanto, asegúrate de que tu influencia sea a la vez potente e íntegra.
 

¿Cómo lo sabré?
 

Todo crecimiento avanza hacia afuera de un núcleo potente. Tú eres un núcleo.”

                                                      

                                                                                                                              

                                                                                                                             del libro “El Tao de los Líderes”


 

 

Que nuestra mirada sea compasiva, que nuestros brazos no se cierren, que nuestras manos se eleven en una oración por la paz. Que el Nacimiento renueve nuestras ganas de vivir y que sea un vivir con sentido y con conciencia.

Que la Paz sea contigo. Y que en el 2014 seamos trabajadores por la Paz.


 

Lic. Alicia Cáceres

 

El Pozo de Agua

 

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