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Lunes | 27 de Septiembre de 2021

Cada vez más brujas

Tenemos miedo a ser un poco más libres

Lic. Alicia Cáceres - 01-08-2012

 

"El individuo ha luchado siempre para no ser absorbido por la tribu. Si lo intentás, a menudo estarás solo, y a veces asustado. Pero ningún precio es demasiado alto por el privilegio de ser uno mismo" 

Friedrich Nietzche

 


 

Hace un tiempo vengo pensando en compartir con vos un tema que por sus múltiples aristas y vertientes temo que se convierta en un berenjenal. Digo compartir porque verdaderamente me imagino que vos y yo estamos conversando y no hay conclusiones cerradas sobre estos tópicos. Cuando examino mis ideas y experiencias acerca de ésto, llego siempre a puntos de confusión y frustración, incluso a creer en la imposibilidad de su existencia. Estoy hablando de la libertad. 

 

Para empezar creo que en un nivel muy básico, primordial, la libertad o su germen, aparece unida al instinto de supervivencia. Porque para vivir tengo que accionar, salir de la situación que me llevará a la muerte y hacer una elección. Es un acto donde aparece una chispa de conciencia de ser, y de ser uno mismo. 

 

Me desespera pensar el altísimo porcentaje de población en el mundo que vive cada día sin saber si seguirá viviendo el siguiente, buscando algo para comer hoy, con un pensamiento limitado por un lenguaje empobrecido, en estado de alerta para poder sobrevivir, en el mejor de los casos. Me aterra el desolador hecho de que en muchísimos lugares de nuestro mundo la vida humana no vale nada, que el estado de guerra, de violencia, de sojuzgamiento es tan tremendo que la gente muere de a cientos día a día.

 

¿Qué libertad es posible construir sin contextos que posibiliten la paz y todas sus consecuencias?

 

La libertad tiene que ver con el poder personal. Por lo tanto tengo que haberme constituido persona, saberme yo, con mis derechos y obligaciones, con mi contexto y mis vínculos. Tengo que haberme podido educar, tener ciertas condiciones básicas cubiertas, y tiempo dedicado a reflexionar, a pensarme a mí mismo y mis circunstancias, para poder empezar a saber quién soy, qué deseo, qué puedo.

 

¿Cuántas personas en nuestros países “desarrollados” o “en vías de” tienen ese tiempo? Si la mayoría es esclava del trabajo y el tiempo libre es, generalmente, desconexión de la mente. 

 

Terminamos de trabajar y prendemos la tele o activamos alguna forma de atontamiento que nos aleje de la angustia de pensar en nuestro estar siendo en el mundo. 

 

"Me doy cuenta que si fuera estable, prudente y estático viviría en la muerte. Por consiguiente acepto la confusión, la incertidumbre, el miedo y los altibajos emocionales, porque ése es el precio que estoy dispuesto a pagar por una vida fluída, perpleja y excitante." Carl Rogers

 

Creemos que somos libres, porque elegimos día a día algunas cosas o acciones, sin darnos cuenta que lo hacemos también desde nuestras creencias y juicios infundados, nuestros hábitos que jamás revemos, nuestras costumbres que nunca interpelamos. Y limitamos la libertad del otro porque tenemos miedo, porque ponernos a pensar en todo esto y tener que decidir y accionar por añadidura, nos da vértigo y náuseas. 

 

Uno tiene que poder indagar en el contexto propio, interrogarse, desafiar lo establecido o previsto más allá de la comodidad de cada día. Generalmente esto no sucede como una idea genial propia, aparece desde un conflicto que se manifiesta desde el contexto. El accionar o el deseo del otro, me interpela. Y ante eso me siento desubicado, incómodo, por lo que hacer una pausa y reflexionar, dándole lugar a algo diferente y nuevo, necesita que hagamos un esfuerzo extra. 

 

Generalmente directamente decimos no, limitando la libertad del otro, justificándonos en lo conocido, los usos y costumbres, lo normal, como si eso fuera suficiente y contundente para cerrar el asunto. Lo mismo hacemos con nuestros deseos incipientes que apenas tienen forma de brotes nos ocupamos de pisotear, no vaya a ser cosa que armen un terremoto en nuestra estructura. 

 

Tenemos miedo a la libertad, a lo que ser libres implica y al esfuerzo que supone construirla. "El individuo ha luchado siempre para no ser absorbido por la tribu. Si lo intentás, a menudo estarás solo, y a veces asustado. Pero ningún precio es demasiado alto por el privilegio de ser uno mismo". Friedrich Nietzche 

 

Limitamos a los otros en cosas increíbles y nimias, y nos sometemos patéticamente y sin chistar a las expectativas de los otros. Todo esto es un pacto silencioso para que nadie se salga de su cuadradito. Es por esto que todas las revoluciones se gestan con tanta lucha, porque parar la inercia requiere una energía monumental.

 

El concepto de libertad es un ideal. Estoy convencida de que la humanidad está muy lejos de ser libre, ni siquiera sé si está en camino a ello. Por eso la construcción de la libertad posible, depende de cada uno, de la epopeya personal, como un farolito que cuidamos y va iluminando el camino. Es cierto, hay un sentimiento de soledad en ese camino, uno siente que se sale del camino “normal” y esto tiene su costo. Pero cada lucecita se une en el paisaje a otra, y eso puede producir esa masa crítica.

 

Es urgente plantearse esto en este momento del planeta. Se aprende a ser libre, haciéndose responsable por la propia vida, multiplicando las miradas, parándose sobre la cobardía y la pereza, buscando un sentido para nuestra existencia. 

 

Ser libre nunca es plenamente libre, es un estar en camino a ser. Implica estar atentos, que no dejemos que nos duerman, porque profundamente esa libertad que anhelamos es un estado del alma que sólo podemos entrever si estamos despiertos. 

 

Ali Cáceres
elpozodeagua@ciudad.com.ar
www.elpozodeagua.com.ar


Obra El gallito ciego. A. Berni

 

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