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Lunes | 27 de Septiembre de 2021

Cada vez más brujas - Septiembre 2012

Tiempo de Reir

Lic. Alicia Cáceres - 10-09-2012

Amigas, es hora de reírnos un poco. A pesar de nosotras mismas y del entorno, es posible y necesaria una decidida actitud de buen humor.


Un árabe caminaba por el desierto, cuando encontró una lámpara. Al abrirla: ¡sorpresa! Apareció un genio: 

 

- Hola! Soy un genio de un solo deseo, a tus órdenes.

 

- Entonces, quiero la paz en Oriente Medio. Vea este mapa: que estos países vivan en paz! 


El genio mira el mapa y dice: - Caiga en la realidad amigo. Esos países se hacen la guerra desde hace 5 mil años! Y para decirle la verdad, soy bueno, pero no tanto como para eso. 
Pida otra cosa.

 

- Bueno... Yo nunca encontré la mujer ideal. Usted sabe... me gustaría una mujer que tenga sentido del humor, le guste el sexo, limpiar la casa, lavar, planchar, que no sea habladora, que le guste el fútbol, que aprecie una cerveza, fiel, gustosa, bonita, joven, cariñosa y que no le importe que yo no tenga dinero. 

 

El genio suspira profundamente y dice:


- Déjame ver ese mapa de mierda de nuevo...!!!

 


 

A esta altura del año, cuando la acumulación del estrés cotidiano se suma al mal cálculo de la cantidad de actividades programadas y a las frustraciones provenientes de obstáculos en nuestros planes, es necesario que hagamos una pausa.

 

Reviso los temas sobre los que hemos reflexionado juntas: el deseo, los miedos, los cambios, la trama familiar, la amistad, la libertad… es hora de hacer una pausa, antes de ponernos demasiado solemnes. Tanto trabajar en nuestro crecimiento personal nos puede poner serias, perfeccionistas, aburridas. Acá está faltando nombrar un ingrediente maravilloso e insustituible: el buen humor. 

 

Septiembre es el mes de los picos de estrés. Y esto implica que profundamente hay miedo. Nuestros pies no están sobre la tierra, nuestra velocidad está desfasada con la velocidad de los acontecimientos, sentimos que nos vamos quedando atrás o que ya perdimos, tenemos que atender eventualidades no previstas, y sobre todo, empezamos a sentir el cansancio del año. 

 


Tenemos miedo de no poder y de no saber cómo hacer. Pero esta comprensión del miedo no está tan a mano, porque estamos atendiendo las situaciones como un cajero del banco en hora pico. Las circunstancias han tomado poder sobre nosotros, no alcanzamos a parar y ponerles el lazo. 

 

Amigas, es hora de reírnos un poco. A pesar de nosotras mismas y del entorno, es posible y necesaria una decidida actitud de buen humor. 

 

Sé que a muchas de ustedes puede parecerles una propuesta superficial, sin asidero, sobre todo si nos ponemos a ver el noticiero. El mal humor generalizado es una señal de alarma importante, el mal humor es contagioso, epidémico y peligroso. No digo que la gente con mal humor no tenga razón, pero sostenerlo todo el tiempo sólo nos llevará a escalar los niveles de conflicto. Puede tornarse un padecimiento crónico o un mal hábito, desequilibra químicamente nuestro organismo y deteriora las relaciones con los otros. 

 

El malhumorado no sabe cuál es su deseo, vive frustrado y con el no en la punta de la lengua, siempre está a la defensiva o agrediendo con sus comentarios o su silencio. Y lo peor, como dije antes, es que contagia por imitación o por reacción. Un ambiente donde uno o dos se despachan con su mal humor cotidianamente, se torna cada vez más un ambiente irritante y amargado. 

 

La risa también es contagiosa, pero, ¿hace cuánto que no te reís a carcajadas? 


La sonrisa está presente en el ser humano desde los 4 meses y a medida que pasa el tiempo y las habilidades humanas se perfeccionan, la capacidad de reír va disminuyendo. Un niño de 6 años se ríe unas 400 veces al día, mientras que el adulto más divertido lo hace unas 100 veces. La mayor parte de las personas se ríe en promedio unas 15 veces al día. Yo me pregunto, dejando de lado las características individuales obviamente, ¿nos estamos riendo o sonriendo según este promedio? Déjenme dudarlo!

 

Concédeme, Señor, una buena digestión, también algo que digerir. 

 

Concédeme la salud del cuerpo, con el buen humor necesario para mantenerla.

 

Dame, Señor, un alma santa que sepa aprovechar lo que es bueno y puro, para que no se asuste ante el pecado, sino que encuentre el modo de poner las cosas de nuevo en orden. 

 

Concédeme un alma que no conozca el aburrimiento, las murmuraciones, los suspiros y los lamentos y no permitas que sufra excesivamente por ese ser tan dominante que se llama: YO. 

 

Dame, Señor, el sentido del humor.

 

Concédeme la gracia de comprender las bromas, para que conozca en la vida un poco de alegría y pueda comunicársela a los demás. 

 

Así sea. (Santo Thomas Morus, 1478-1535)

 

Cuando se ha empezado a vivir seriamente por dentro, paradójicamente se comienza a vivir con menos drama, con más sencillez, con serenidad.

 

El que tiene buen humor tiene las aptitudes para liberar tensiones, relajarse, despreocuparse y ponerle distancia emocional a las circunstancias por más complejas que éstas sean. No voy a abundar sobre los increíbles y saludables cambios que trae a nuestro organismo una actitud de buen humor, o de vez en cuando una buena carcajada. Todos sabemos a esta altura, Patch Adams y otros terapeutas mediante, la potente herramienta curativa que es la risa.

 

Dice un proverbio japonés: "El tiempo que pasa uno riendo es tiempo que pasa con los dioses". 

 

El buen humor nos hace más humildes, más amplios de entendederas, menos egocéntricos. Socialmente es un rasgo integrador e intelectualmente es una capacidad crítica sobre nuestros enfoques. De alguna manera, con buen humor, somos más grandes que nuestras dificultades, es una actitud que nos permite ampliar nuestro punto de vista, y por ende más de una vez, cambiar el observador que somos. Lo esencial del buen humor es que nos permite reírnos de nosotros mismos, relajarnos, aceptar que somos humanos, que nos equivocamos, que muchas veces somos torpes y exagerados. Y algo más, tomarme los tiempos complicados con buen humor, ahuyenta el miedo. 

 

¿Tener buen humor implica reírnos de todo?


Escribe Comte-Sponville: "Se puede bromear acerca de todo: el fracaso, la muerte, la guerra, el amor, la enfermedad, la tortura. Lo importante es que la risa agregue algo de alegría, algo de dulzura o de ligereza a la miseria del mundo, y no más odio, sufrimiento o desprecio. Se puede bromear con todo, pero no de cualquier manera. Un chiste judío nunca será humorístico en boca de un antisemita. La ironía hiere, el humor cura. La ironía puede matar, el humor ayuda a vivir. La ironía quiere dominar, el humor libera. La ironía es despiadada, el humor es misericordioso. La ironía es humillante, el humor es humilde".

 

El buen humor es empático, flexibiliza las situaciones, nos acerca a los otros.

 

Por todo esto, te propongo, a esta altura del año, que busques los recursos para poner pausas en este tiempo estresante. Por ejemplo, juntándote con tus amigas alrededor de una rica comida y una relajante bebida, escuchando una entusiasmante música, bailando, saliendo a caminar o andar en bici, viendo una linda película, pero sobre todo, y aunque no salga espontáneamente, poniendo una sonrisa en tu rostro y en tu corazón. Simplemente eso. 

 

Y si tenés la oportunidad de reírte a carcajadas, no la pierdas. Es un masaje para todo tu cuerpo pero sobre todo para tu espíritu. Defender la alegría, como reza el poema de Benedetti, se hace imprescindible en estos tiempos.

 

Lic. Alicia Cáceres 

 El pozo de Agua

 

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