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El abuelazgo

dmujeres - Revista digital - 07-08-2013

 

La revista digital dmujeres desea homenajear en esta nota a todas las abuelas y abuelos que acompañaban amorosamente  el crecimiento de sus nietos.

Muchas de nuestras lectoras  disfrutan ya del abuelazgo,  se las ve radiantes y llenas de felicidad. Contradicen, como quien no quiere la cosa, casi distraídamente, aquellas reglas que eran inamovibles cuando criaban a sus hijos, claro es tanto mas relajado, los padres los educan y los abuelos ...  también .... a su manera.

 

Compartimos con ustedes,  algunos fragmentos de una nota publicada por Enrique Orschanski (Médico), que nos pareció muy buena !!!

 

En los últimos 50 años, nuestro estilo de vida familiar cambió drásticamente como consecuencia de un nuevo sistema de producción. La inclusión de la mujer en el circuito laboral llevó a que ambos padres se ausenten del hogar por largos períodos creando como consecuencia el llamado “síndrome de la casa vacía”.

 


El nuevo paradigma implicó que muchos niños quedaran a cargo de personas ajenas al hogar o en instituciones. Algunos afortunados todavía pueden contar con sus abuelos para cubrir muchas tareas: la protección, los traslados, la alimentación, el descanso y hasta las consultas médicas.

 

 

Estos privilegiados chicos tienen padres de padres, y lo celebran eligiendo todos los apelativos posibles: abu, abuela/o nona/o bobe, zeide, tata, yaya/o opi, oma, baba, abue, lala, babi, o por su nombre, cuando la coquetería lo exige.

 

 Los abuelos no sólo cuidan, son el tronco de la familia extendida, la que aporta algo que los padres no siempre vislumbran: pertenencia e identidad.

 


La mayoría de los abuelos siente adoración por sus nietos. Es fácil ver que las fotos de los hijos van siendo reemplazadas por las de éstos. Con esta señal, los padres descubren dos verdades: que no están solos en la tarea, y que han entrado en su madurez.

 

Los abuelos aprendieron que un abrazo enseña más que toda una biblioteca. Leen libros sin apuro o cuentan historias de cuando ellos eran chicos. Habitan los sueños de sus nietos con paisajes lejanos, con bailes y canciones de otros tiempos y otras  latitudes. Refuerzan su linaje. Con cada palabra, las raíces se hacen más profundas; la identidad, más probable.

 

Los abuelos construyen infancias, en silencio y cada día. Son incomparables cómplices de secretos. Malcrían profesionalmente porque no tienen que dar cuenta a nadie de sus actos. Consideran, con autoridad, que la memoria es la capacidad de olvidar algunas cosas. Por eso no recuerdan que las mismas gracias de sus nietos las hicieron sus hijos. Pero entonces, no las veían, de tan preocupados que estaban por educarlos.

 

 

Algunos todavía saben jugar a cosas que no se enchufan. Son personas expertas en disolver angustias cuando, por  algún motivo, el niño siente que el mundo se derrumba.

 

La comida que ellos sirven es la más rica; incluso la comprada. Los abuelos huelen siempre a abuelo. No es por el perfume que usan, ellos son así. ¿O no recordamos su aroma para siempre?

 

Los chicos que tienen abuelos están mucho más cerca de la felicidad. Los que los tienen lejos, o no tienen, deberían procurarse uno (siempre hay buena gente disponible).

 

Finalmente y para que sepan los descreidos ... los abuelos nunca mueren, sólo se hacen invisibles

 

Enrique Orschanski (Médico)

 

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